Nauseabunda

Cuando uno se acuesta a dormir, es como cuático que se te acerque la jirafa que se llama Michelle y te diga que pierdes el tiempo si después se te acerca Clemente el dinosaurio morado y te dice que no te pre-ocupes porque el tiempo es otra locura del ser humano ¿O no?
Tocan el timbre.
-Estás loca Ana.
-Ni pensaba en abrirte la puerta.
-Á que te tomaste otra caja de esas huevadas que te ponen idiota.
-Sí. Porque estoy loca.
-Yo igual estoy loco.
-Porque recién lo asumiste, mentiroso.
Déjame un regalo bajo la almohada porque mañana estoy de cumpleaños, pero no dejes que te vea, para que sea más entrete.
Ando como súper poco coherente. A lo mejor es la rutina que se viene y que puedo oler. No puedo dormir, quiero dormir.
-Tomate el remedio.
-No, es que no me gustan.
A la señora que hace el aseo le pegué con el teléfono.
-Qué drogada.
-Mentira.
-Lee lo que acabas de escribir.
-Fue lo que se me vino a la mente.
-Bien coherente.
-Quiero sacarte la cresta.
-Abrázame.

En el piso veintidós



-¿Podemos ir a conversar al bar de ahí en frente?
-¿A esta hora?
-No me respondas con otra pregunta.
-Bueno vamos.
Él se rió tratando de disimularlo, en vano.
-¿De qué te ríes?
-De que te preocupa más la hora, que el motivo.
-No te tengo miedo.
-No lo dije por eso.
-Da igual.
-¿Hace cuánto que no venías para acá?
-Diez años, como mínimo.
-¿Tanto?
-He tenido quehaceres.
-No mientas.
-Cállate.
El bar estaba casi vacío.
-¿Qué pedirás? -preguntó al ver que el hombre de la barra les miraba con el rostro aburrido.
-Yo nada.
-Vale, vale. Yo tampoco quiero nada- dijo él, refiriéndose al hombre que sin esperar su respuesta, se volteó hacia la cajera, muy coqueta ella.
-¿Y?
-¿Y qué?
-¿Aceptarás la cita de esta noche?
-Con una condición.
-¿Cuál? -sonrió sabiendo que aceptaría.
-No quiero saber tu nombre.

Recopilación de un trece

El mundo se comienza a acostumbrar a nosotros, porque vió que no le queda de otra.
Y el árbol con muchos pisos para nuestra casita invisible, en el árbol que nosotros y nadie más ubica en medio del resto de los árboles de la plaza.
Y las estrellas asomadas en medio de ramas en Julio.
Y el pasto que ni en invierno se salva de nosotros.
Ni las campanadas de la iglesia que nos avisaron que teníamos que ganarle, aunque nos hayan ganado.
Y a las fotos que nos sacamos y nos sacaremos para recordarnos siempresiempre -aunque nunca supere la calidad de las fotos que nos tomamos desdemuchoantes.

-¿Y sabes otra cosa?
-No, creo que no la sé -sonrió.
-Bueno... Yo... Desde que te conocí, he querido ir a la playa, únicamente para mirar el mar, y pensar en ti. Contigo.


Y así van ocho.

Retrato

Generoso de labios, liviano de mejillas, extenso de imaginación, suave de caricias, abrazador de miradas.
Minucioso en detalles, simple de corazón, explorador con sus manos; pestañas con forma de abanico, que tocan el Sol. El Sol de él y mío. El que se mueve con nuestro amor.
Gestos dulces, regados de inocencia infantil.
Versos torpes y sonrisa al revés.
Retazos de sueños que se hacen r e a l i d a d.
Imaginación, ¿Lo había mencionado ya?
Ligero de brazos. De abrazos.
Ojos cerrados, observándome.
Despierto, pero aún soñando.
Oyendo en medio del silencio.
El mundo queda en blanco, y todo se vuelve un delirio.
Un delirio del cual, somos parte.


así. así eres.

Los demás.

-Tú eres demasiado reservado. Sólo bromeas.
-Vale, Pregúntame lo que quieras.
(...)
-¿Lo que quiera?
-Sí. Yo te respondo.
-Ehm... Tú y ella...
-¿Qué con ella?
-¿Son algo?
Me miró fijamente, como queriendo hacer que sus palabras sonaran más serias que nunca.
-Nada. Acuérdate que una vez yo te dije... Ya no queda amor en mi corazón.
-Y yo no te creí.
-¿Cómo es eso? -inquirió mirando hacia unas ramas que habían junto.
-No te creí... No te creo. Una persona sin un poquito de amor no puede vivir.
-Yo sí.
-No. Tu estarías muerto entonces.
-Como sea... -se encogió de hombros- Y aunque tuviese... Te diría que no tengo.
-¿Por qué?
-Porque si tengo y te digo que no tengo es mejor.
Fruncí el ceño. Él notó mi incomprensión.
Nunca entendí porqué era tan frío conmigo si con el resto de la gente que conocía, era casi un payaso.
-Pequeña... -dijo volviéndose hacia mi- Seria mucho más feo decirte que tengo amor, y que no te quiero dar, únicamente por ser un cobarde.

Con pinta de niño

Me abrazó por última vez -en ese día- y al subirme al auto, fui perdiéndolo de vista lentamente.
Su mejilla estaba tan cerca a la mía, que aún la siento, camino a mi casa, tibia, rozándome con ternura. Su ternura; su ternura haciéndola mía.
Camino hacia donde yo tomaba locomoción, conversamos de muchas cosas. La mayoría, trascendentes para nosotros, e irrelevantes para el resto del mundo, naturalmente.
Esa tarde llegué a su casa por el camino más corto, lo extrañaba más que siempre. Lo necesitaba, más que ahora mismo. Hacía equilibrio en la solera izquierda de la calle que da hasta su casa cuando él me vio. Se quedó quieto, esperó a que continuara mi camino hasta él, y cuando estuve a menos de dos centímetros, las piezas del rompe cabezas se unieron nuevamente. Hasta eso de las siete pasadas del meridiano, o p.m, como guste usted.



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-¿Alguna vez habías comido pan con paté y manjar?
-No... -meditó con su expresión más calmada, sin dejar de abrazarme.
Algo que imaginé instantáneo, y no pude evitar las carcajadas.
-¿Y por qué ese día en mi casa comiste? -pregunté al recordar, entre risas.
-No sé... Es que nunca había tenido el manjar y la paté juntos en la mesa.

[Siento haber ventilado lo último, que con el texto no encaja mucho -para el resto- pero en medio de la inspiración, se me vino esa escena a la mente, y no pude evitar reír de nuevo, jajaja]

Hey, te quiero luchador sanguinario (:

Hoy día

Caminaba por una calle desconocida, con personas a mi alrededor que me empujaban sin darse cuenta, el cielo más claro que de costumbre, a las nueve en punto, llamó sobre manera mi atención.
Las nubes desnudaron de a poco el cuadro visual que yo tenía, pero me dio tristeza.
Una señora gorda en el cielo colgaba. Me miraba. Y por primera vez me sonreía.
Como yo no pensaba, no hice nada.
Me da miedo. Me da miedo no mirar.
Cuando no-miro cosas pasan, muchas.
Cuando dejo de fijarme en detalles, algo cambia.
Cuando siento cosas así, y no sé qué son... No puedo moverme sola.
Cuando muchos errores cometo, y reconozco... Me apago... Inconscientemente me apago...
No quiero... No quiero dejar de querer(creer).

Nube

-¿Puedo confesar un secreto?
-Los amigos estamos para oír secretos.
-Muy cierto...
Rocío agarró una hoja amarilla que estaba tirada junto a ella, la acarició, sintiendo su textura, luego su olor, y sonriendo, miró hacia el horizonte...
-Para mi, los cielos de invierno, a las seis con dos minutos, no serían lo mismo sin él.
Su mejor amigo vio como su mirada se perdía, mientras ella lo buscaba entre las nubes brillantes, con bordes amarillos, alrededor un tono rosa pálido, y en el fondo, un tímido celeste ya casi apagándose.
-¿Por algo en especial?
-Por que me gusto más cuando estoy con él.
-Te haz contagiado... Estás enamorada -masculló con un tono de doctor, acariciándose el mentón.
La chica sonrió.
-No quiero tomarme los remedios.
 

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