Unidos mediante un fino hilo.

Sentada en el piso de madera de esa escuela de ballet clásico, en el centro de la ciudad ella estaba... Sola, a oscuras... Casi segura de que nadie podría hallarla.
Él buscaba a su hermana, pero se encontró con alguien más, alguien que jamás esperó encontrar; ni allí, ni en ningún otro lugar...

-¿Estás bien? -dijo al tocarle el hombro para que en un acto inconsciente, ella girara el rostro hacia él.
-Pensé que ya no había nadie... -respondió con voz temblorosa al momento que lo miró con ojos desconcertados, y detuvo por un segundo la música. Su maquillaje desaparecía entre medio de lágrimas silenciosas... Luego, ignorando su pregunta y su presencia, apretó play de nuevo. Él se extrañó, dio media vuelta y caminó hacia la salida...

Pavarotti. Escuchaba a Pavarotti. Estaba seguro de eso:

nessun dorma! nessun dorma!
tu pure, oh principessa

nella tua fredda stanza,

guardi le stelle
che tremano d'amore

e di speranza...


Al escuchar la primera estrofa, él se detuvo como por arte de magia y se devolvió. No avanzó siquiera un paso hacia quien parecía ser la profesora de ballet, tan joven y frágil... en ese momento, desvanecida por una tristeza que visiblemente, le desgarraba el alma; que ni llorar la dejaba...
Empuñó su mano para contenerse y cerró sus ojos... Lapso suficiente, para encontrarse con una gran sorpresa, y es que al parecer las melodías, había causado el mismo efecto en ella, quien se encontraba frente a él, más cerca de lo que debería...

-Solo quería... -trató de explicarle mientras ella tapaba sus labios con aquellos dedos fríos, cansados de contener el llanto...
-¿Puedes abrazarme? -le preguntó con el tono de voz más dulce y desamparado que pudo haber imaginado nunca... Al mismo tiempo que tomaba sus manos y las acercaba a su cintura... Lentamente...

No se dio cuenta en qué minuto, ella se había quitado las zapatillas de ballet, dejándolas cerca de donde la divisó por primera vez. Había encendido las luces, y el ambiente estaba muy diferente a como ahora se encontraba; sin embargo el dolor seguía en el aire... Sus pasos eran definitivamente de una danzarina, la mejor de todas sin duda.



-que nadie se duerma... -alcanzó a articular antes de detenerse a causa de los nervios. Su corazón lo asustó, latía como nunca antes... y es que en ese momento, el fino hilo rojo que la unía a ella desde mucho antes, se volvió a tocar, como si un destello de electricidad recorriera todo su cuerpo...- Tu tampoco, oh princesa... en tu fría estancia...Mi nombre nadie lo sabrá, y sólo cuando la luz brille... sobre tu boca lo diré temblando... y mi beso romperá el silencio... -le susurraba aquella canción en el oído, casi apoyado en su cuello, como sintiendo el dolor que ella sentía, como si lo absorbiera al mínimo contacto con su piel. Con una facilidad para expresarse, que nunca antes había experimentado.

Ella enmudeció. Conmovida con la ternura que emanaba cada poro de su ser... Jamás le habían cantado, menos al oído. Jamás se imaginó que aquél desconocido lo haría.
Continuaron abrazados, perdidos entre la voz del tenor, esperando que ese momento, que era fácil de comparar con una pausa en la imagen más bella de una película de amor, no acabara... no...
Nuevo silencio. Está vez, casi ensordecedor. Pero nada importaba. Los sollozos se perdieron, el canto cesó. La música dejó de escucharse. Todo se detuvo. Todo en un instante...

4 han escrito lo que sienten:

Lorena G.B dijo...

Cuando se detiene todo. Esos son los momentos más especiales :)

Genial texto, Franeli.

pepe dijo...

Conmovida con su propia ternura..eso refleja un poco la forma en que ese momento fue vivido-disfrutado de una manera que no muchos podrian describir.. y que nomuchos han vivido, y es cuando tu mismos eres cada parte de tu cuerpo, disfrutando así ese momento como realmente se debe, cerrando los ojos, y simplemente vivir el momento.

(:*

Espérame en Siberia dijo...

"Que nadie se duerma"

Muchos besos.

Oscar García dijo...

Sublime el momento, la situación, el escenario... que se apaguen las luces, cierren los ojos y sigan bailando...
y un beso.

 

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