Inercia

El guardia de la estación me miró con los ojos llenos de tristeza, de reconocimiento. Yo lo ignoré.
Abrí la puerta de madera, tres veces más alta que yo, con todas mis fuerzas, y ahí estaba: el andén vacío. Tú, tú no estabas.
Caí de rodillas al piso, contra mi voluntad. Las piernas no me respondían, la bufanda me ahorcaba.
Levanté la vista, recorrí los durmientes hasta que se perdían en el horizonte, pero el tren no estaba.
Tú, tú no estabas.
Tiré mi bolso y los lápices que ahí dentro estaban rodaron por todo el pasillo, vacío, ese que se burlaba de mi porque te había perdido. La mujer que vende los boletos me miraba asustada, atónita. Debió ver a una muerta en vida, pensé.
No tenía aire para decir una sola palabra, la frustración hacía que mis uñas se enterraban en el asfalto, no importaba.
Mi pecho ardía, aún arde. Mis ojos a penas se podían abrir. No quería ver. No quería no verte allí.
Nunca lo dije, nunca te lo dije. Olvidé detalles importantes: como colgarme de tu cuello cuando me decías que me querías -porque sí, muchas veces casi lo hice, pero siempre 'ocurría algo más', aunque no más importante, ahora lo sé- o adivinar que eras tú, aunque lo supiera, cuando me tapabas los ojos cuando despertaba junto a ti.
Pude, pude responder tu carta, esa que estuvo más de dos meses bajo mi almohada, para que se grabara hasta en mi subconsciente eso tan bonito que nadie me había dicho nunca. Aunque fuese por hipnopedia. Esas cosas, que desde el momento en que las leí, se convirtieron en mi droga. En mi droga para ser feliz. Pedí demasiado.
Pedí mucho y olvidé dar. Dar lo que pedí, dar sin pedir.

Hace dos semanas, alguien me habló de ti. No tenía idea que yo sabía menos que él. Fue como si hubiesen roto el jarrón que tanto trabajo me costó reconstruir -a medias- con un pegamento barato, de esos que no hacen nada en realidad. ¿Sabes porqué? ¿Sabes porqué no quiero reconstruir mi vida sin ti?
Porque aún me quedan las esperanzas de re-encontrarte.
Sí, y sobre todo, re-encontrarte para mirarte a los ojos y, sin decir una palabra, darte todo lo que hay dentro de mí -y lo que no- sin pedir nada a cambio. Nada. Lo juro.

Frío. Hace frío. La mujer de los boletos y el guardia se abrazan frente a mi, con expresión compasiva, oyendo todo lo que te dije, pensando que me oirías.



8 han escrito lo que sienten:

A, de Anónimo dijo...

Quizás estabas demasiado ensimismada. Quizás no quisiste ver mas allá de los rieles. Él estaba ahí, no el que buscabas... sino el que llegó sin saber por qué, el que no se irá sin importar cuánto...


Sabor a tí, Fran, con í.

PD: antes de irte, recuerda siempre volver a mirar.

LU+ dijo...

lindisimo texto :)
:D saludos!

San.. dijo...

Aaaaaayyy... maravilloso!

Realmente me encanta como escribes!
Mis respetos totales...

=)

Leonard dijo...

un fragmento fabuloso,^^ cuidate

Nandiú.- dijo...

Es que siempre me preguntaré como haces para tener los colores más mágicos en tus escritos, para que brillen de tal manera; cómo haces para que lleguen tanto al alma. :)
Hermosisímo, por decir lo menos. Muy lindo.
Y es que él va a volver, ¿Cómo no?

Cuidate y gracias =)

Lorena G.B dijo...

Dan ganas de seguir leyendo, como cuando empieza un libro :)

Indigente Iletrado dijo...

La estación de trenes siempre ha sido uno de mis lugares favoritos para que me rompan el corazón.

Son particularmente trágicos porque en ellos sabemos bien que aquellos que han partido no pueden volver sobre sus pasos. Mientras nosotros nos quedamos ahí sin que nos respondan las piernas, ni el habla.

Piploud dijo...

Hay algo que siempre nos mantiene parados en un lugar que siempre nos mantiene esperando y vivimo por ese proposito, dicen que la esperanza es mala, yo que vivo de ilusiones y esperanzas, pienso que gracias a la esperanzas podemos estar en pie, por que aunque nos hayan quitado todo, aunque todo se haya alejada, vivimos para poder vivir lo que un dia perdimos.

 

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