Yo sé que he cometido muchos más errores de los que cualquier ser humano normal de mi edad pudiese llegar a cometer. Errores que me hacen ver como una mujer cuando en realidad soy tan frágil como una niña por dentro. Errores que le dan a mis ojos, ese aspecto tan hondo que llega a calar los huesos.
Pero lo siento, quizás soy demasiado cobarde para estar aquí, para mantenerme en pie.
Entre copas prefiero estar, y llorar.
Nunca me ha gustado que me vean llorar.
He tragado muchos nudos que se forman en mi garganta. Pero acabo de ahogarme.
Supongo que en estos momentos, es cuando mejor me salen las palabras. Cuando no entiendo. Cuando no sé ni dónde estoy. Ni con quién dormí anoche. Ni qué será de mi luego de esto.
Cariño, lo siento... No puedo escribirle cartas de despedida a un fantasma.
La vida es demasiado bella para que yo pueda vivirla. Vivirla preocupándome de mi.
Allison se tomó doce pastillas para dormir esa noche, sumado a la botella de vodka. Los doctores la trataron sin mayor consideración.
Lo primero que vio al despertar, luego de tres días fue a un chico alto, delgado. De aspecto ansioso, intranquilo y cansado. Sus ojos estaban bordeados por un color rojizo, nadie sabe si del cansancio, del llanto, o ambos.
Todo se movía lento para ella, mientras que Jack, en su mano derecha, sostenía un papel arrugado, escrito a mano, que al notar la presencia consciente de la chica, débilmente comenzó a temblar.
8
-Nunca me gustó discutir.
-¿Por qué?
-Porque siempre termino llorando.
-¿Y?
-Y nunca me ha gustado que me vean llorar.
-¿Por qué?
-Porque siempre termino llorando.
-¿Y?
-Y nunca me ha gustado que me vean llorar.
Noviembre
-¿Sabes por qué me acosté contigo esta noche? -preguntó arreglándose el cabello rizado, colocándose el vestido ajustado, y sonriéndo con expresión de niña buena.
Él abre los ojos como dos platos y la mira desconcertado, con la duda en medio de la frente.
-No, creo que no lo sé.
-Porque tengo certeza de que no te volveré a ver.
Dios no juega con dados, recordó Jack.
Y volvió a besarla. Una y otra vez. Hasta que regresó.
Él abre los ojos como dos platos y la mira desconcertado, con la duda en medio de la frente.
-No, creo que no lo sé.
-Porque tengo certeza de que no te volveré a ver.
Dios no juega con dados, recordó Jack.
Y volvió a besarla. Una y otra vez. Hasta que regresó.
Agua
Rocío estaba recostada en el sofá, masticando unas manzanas que había picado hace dos minutos. Se veía entretenida.
Guido caminaba apresurado de un lado a otro, mirando de reojo las masticadas de la chica, y sonreía. No llevaba polera. Era un caluroso día de verano.
-Rocío... ¿Quieres ayudarme a sostener la cañería del lavatorio mientras lo arreglo? -le pidió con una sonrisa extraña entre sus labios que, al igual que sus ojos, tramaban algo.
Rocío no prestó atención al rostro de Guido, y casi en un acto instantáneo se levantó, y corrió hacia donde él la necesitaba.
Guido, con expresión de satisfacción, arremetió contra Rocío y, aferrándose a su cintura, la cogió y la llevó hasta la bañera, donde estaba el agua corriendo como si celebrara la ingenuidad de la chica.
-Nuestra lluvia de verano pequeña -sonrió mientras la sumergía en el agua, casicasi fría, y mientras la chica no paraba de reír, fascinada.
-Tonto... -musitó Rocío mientras comenzaba a besarle, con esa ternura tan particularmente sensual... Lentamente. En el agua.
Guido caminaba apresurado de un lado a otro, mirando de reojo las masticadas de la chica, y sonreía. No llevaba polera. Era un caluroso día de verano.
-Rocío... ¿Quieres ayudarme a sostener la cañería del lavatorio mientras lo arreglo? -le pidió con una sonrisa extraña entre sus labios que, al igual que sus ojos, tramaban algo.
Rocío no prestó atención al rostro de Guido, y casi en un acto instantáneo se levantó, y corrió hacia donde él la necesitaba.
Guido, con expresión de satisfacción, arremetió contra Rocío y, aferrándose a su cintura, la cogió y la llevó hasta la bañera, donde estaba el agua corriendo como si celebrara la ingenuidad de la chica.
-Nuestra lluvia de verano pequeña -sonrió mientras la sumergía en el agua, casicasi fría, y mientras la chica no paraba de reír, fascinada.
-Tonto... -musitó Rocío mientras comenzaba a besarle, con esa ternura tan particularmente sensual... Lentamente. En el agua.
"Manzana confitada"
-¿Sabes? Tengo un par de cosas que me han pasado... Bastante... ''Especiales'' -comenzó haciendo con las manos, las comillas de la palabra especiales.
-Cuéntame -le sonreí.
Siempre me causa curiosidad, porqué, lo mágico y lo especial que en su vida pasa, está entre comillas.
-¿Recuerdas a... Aquella chica...? -inquirió.
La recordaba perfectamente.
-Sí... Claro que sí.
-Bueno... Pues quiere que nos veamos...
-¿La princesa?
-Sí. La misma. Jamás la olvidé. Su mirada aún está del otro lado de mis ojos.
Le acaricié la mejilla. Me enterneció.
-Eso me huele bien... -pensé en voz alta- Me huele a... A manzanas confitadas...
-Interesante analogía... Aunque... No comprendo qué relación guarda con lo que estoy contándote.
-Mucha... -Me detuve haciendo una pausa que tuvo aire de suspenso y solemnidad, acompañándola con mi mirada brillante...- Cuesta comenzar, pero cuando se te da bien... Todo es dulce, muy dulce.
Él miró hacia el cielo, como buscando entre las nubes una respuesta, o alguna razón para creer.
-Ella y yo, pasábamos peleando sinrazón. Son demasiadas coincidencias entre nosotros... Muchas cosas en común... -Hizo una pausa y vio su imágen reflejada en su consciente- Ay no, esto es mucho para mi.
Yo volví a sonreír.
-¿Sabes algo tú?
-¿Qué?
-Que opino, que deberías dejar de escribir lo más bonito de tu vida entre comillas.
Esa tarde, no hubieron manzanas, ni princesas. Sólo él y yo. Él y yo... Sin comillas.
-Cuéntame -le sonreí.
Siempre me causa curiosidad, porqué, lo mágico y lo especial que en su vida pasa, está entre comillas.
-¿Recuerdas a... Aquella chica...? -inquirió.
La recordaba perfectamente.
-Sí... Claro que sí.
-Bueno... Pues quiere que nos veamos...
-¿La princesa?
-Sí. La misma. Jamás la olvidé. Su mirada aún está del otro lado de mis ojos.
Le acaricié la mejilla. Me enterneció.
-Eso me huele bien... -pensé en voz alta- Me huele a... A manzanas confitadas...
-Interesante analogía... Aunque... No comprendo qué relación guarda con lo que estoy contándote.
-Mucha... -Me detuve haciendo una pausa que tuvo aire de suspenso y solemnidad, acompañándola con mi mirada brillante...- Cuesta comenzar, pero cuando se te da bien... Todo es dulce, muy dulce.
Él miró hacia el cielo, como buscando entre las nubes una respuesta, o alguna razón para creer.
-Ella y yo, pasábamos peleando sinrazón. Son demasiadas coincidencias entre nosotros... Muchas cosas en común... -Hizo una pausa y vio su imágen reflejada en su consciente- Ay no, esto es mucho para mi.
Yo volví a sonreír.
-¿Sabes algo tú?
-¿Qué?
-Que opino, que deberías dejar de escribir lo más bonito de tu vida entre comillas.
Esa tarde, no hubieron manzanas, ni princesas. Sólo él y yo. Él y yo... Sin comillas.
Dedicado.
El sexto veinte

Si pudiera describir lo que se siente cuando 'se cocina la vida', el mundo creería ciegamente en el amor.
Ana acabó de dibujar... Cerró su cuaderno, y miró a Alex fijamente mientras acariciaba a Colina, la perrita.
-Colina mira con ojos de tristeza -comentó él, mientras se ponía de pie.
-Quizás... Extraña a Leche -dijo la chica, al encogerse de hombros.
-¿Sabes?
-¿Qué?
-Que si tú, algún día no estuvieras, yo dejaría de creer.
Ana lo miró, justo en el preciso instante, cuando él le acariciaba el corazón.
Maña
Vicu estaba comprando un recuerdo para su madre, en una de las tiendas del aeropuerto, mientras hacían escala. La chica había ido a comprar un café.
-No me quiere no me quiere -contó atropelladamente la pequeña, aferrándose a su cuerpo, a penas apareció entre las tienditas.
-¿Pasó algo?
-Vania. Le quería contar algo, y me colgó el teléfono porque estaba muy ocupada.
Vicu sonrió.
-¿Ahora tú?, tú te burlas de mi -sentenció la chica sin nombre, arrugando la frente.
-No me estoy bulando, es solo que... Que se te hace un hoyito en la pera cuando te enojas, y yo no me había dado cuenta.
-No me quiere no me quiere -contó atropelladamente la pequeña, aferrándose a su cuerpo, a penas apareció entre las tienditas.
-¿Pasó algo?
-Vania. Le quería contar algo, y me colgó el teléfono porque estaba muy ocupada.
Vicu sonrió.
-¿Ahora tú?, tú te burlas de mi -sentenció la chica sin nombre, arrugando la frente.
-No me estoy bulando, es solo que... Que se te hace un hoyito en la pera cuando te enojas, y yo no me había dado cuenta.
El fragmento de una chica

Hubo una vez una chica que recorrió muchos lugares, pero era tan silenciosa que pronto pronto la olvidaron.
Vicu le arrebató el cuaderno a la chica sin nombre, y escribió:
¿Cómo sabes tú que la han olvidado?
Ella, sorprendida por lo rápido que pudo coger el cuaderno y escribir, continuó el juego:
Porque sí. Porque nunca dejó que la conocieran.
¿Y ahora?
Ahora le prestó su lápiz y su cuaderno a alguien, que no conoce mucho. ¿Te dice algo? Porque eso es ahora.
Vicu sonrió para sí, se acomodó en su asiento, y volvió a cerrar los ojos de mentiritas. Le encanta verla escribir sin que se de cuenta.
Miénteme
Vicu miraba de soslayo cada doce segundos, curiosísimo, como la chica sin nombre agitaba atropelladamente su lápiz de cebra, de un lado a otro, redactando quién sabe qué.
Otras veces, él le miraba por el reflejo de la pantalla que tenía en frente. Los ojos de ella corrían de izquierda a derecha siguiendo lo que en el papel se quedaba. Lo que en el cuaderno rojo se escondía.
-¿Qué? -le pilló de sorpresa mientras él la miraba concentrado.
-¿Qué de qué?
-¿Qué me ves? -hizo una mueca, que mostraba nada más que su inocente curiosidad.
-No sé -sonrió.
-¿Alguna vez habías hecho algo así?
-¿Así cómo?
-Así como tomar un vuelo sin saber ni cómo se llama la que va a tu lado, por ejemplo.
-Mm... -meditó Vicu- ¿La verdad la verdad?
-No. Mejor miente.
-Ok. -asintió y luego contestó- He hecho esto un par de veces, sobre todo a lugares desconocidos, aunque creeme, estoy histérico por no saber cómo te llamas. A penas arribemos me escapo, me carga tu compañía... Sobre todo cuando estamos en silencio.
-¿Más café? -interrumpió la azafata.
Otras veces, él le miraba por el reflejo de la pantalla que tenía en frente. Los ojos de ella corrían de izquierda a derecha siguiendo lo que en el papel se quedaba. Lo que en el cuaderno rojo se escondía.
-¿Qué? -le pilló de sorpresa mientras él la miraba concentrado.
-¿Qué de qué?
-¿Qué me ves? -hizo una mueca, que mostraba nada más que su inocente curiosidad.
-No sé -sonrió.
-¿Alguna vez habías hecho algo así?
-¿Así cómo?
-Así como tomar un vuelo sin saber ni cómo se llama la que va a tu lado, por ejemplo.
-Mm... -meditó Vicu- ¿La verdad la verdad?
-No. Mejor miente.
-Ok. -asintió y luego contestó- He hecho esto un par de veces, sobre todo a lugares desconocidos, aunque creeme, estoy histérico por no saber cómo te llamas. A penas arribemos me escapo, me carga tu compañía... Sobre todo cuando estamos en silencio.
-¿Más café? -interrumpió la azafata.
Vuelo 201, a Islandia
Tiene una mirada clara. No en cuanto a color, sino que en su interior. En su esencia.
Se ve sincero. Infantil. Tierno.
(Se me acerca, se me acerca...)
-Hola, soy Vicu -le sonrió diciendo, mientras la chica sin nombre terminaba de escribir, rápidamente los puntos suspensivos y el paréntesis y cerraba aprisa su cuaderno rojo.
-Hola -articuló, a penas.
-¿Hacia dónde vas? -inquirió curioso.
-No lo sé.
-Estás en un aeropuerto, ¿sin saber a donde ir?
A la chica le pareció entretenida la mueca que Vicu hizo con su boca mientras pensaba en la respuesta, casi tan rara como ella.
-Me he pasado toda la tarde aquí, y es que en realidad no lo sé, y no me gustan las mentiras- sonrió, fingiendo que era por lo que había dicho, aunque en realidad se reía de su expresión, tierna, de no entender.
-Yo quiero no saber hacia dónde ir -dijo mirándola, con un fuego inocente en sus ojos, como queriéndola derretir, sin querer.
-No me conoces.
-Eso es lo que me hace querer ir... El no saber a qué voy.
Tomó su maleta rectangular, llena de papeles raros por todos lados, firmemente desde la manilla que tenía un corazón rojo, muy rojo, y le miró.
Tomaron el vuelo 201, a las siete cuarenta y tres de la tarde -horario de Nápoles, Italia-, con destino a Islandia, una isla al noroeste de Europa.
Juntos.
Nunca he sido un ser humano común, supongo que lo que acabo de hacer, subirme a un avión junto a alguien que quiere seguirme, no sé porqué... No debe ser de lo más normal. (Supongo, dije). Y te prometo vivir. Y trarar de no ser una cobarde.
De vivir. Lo prometo. Pase lo que pase. Latir.
Escribió, finalmente, con un bolígrafo rojo, como el corazón de su equipaje, al final del texto de ese día. De un buen comienzo; aunque algo... Extraño, pero especial.
Se ve sincero. Infantil. Tierno.
(Se me acerca, se me acerca...)
-Hola, soy Vicu -le sonrió diciendo, mientras la chica sin nombre terminaba de escribir, rápidamente los puntos suspensivos y el paréntesis y cerraba aprisa su cuaderno rojo.
-Hola -articuló, a penas.
-¿Hacia dónde vas? -inquirió curioso.
-No lo sé.
-Estás en un aeropuerto, ¿sin saber a donde ir?
A la chica le pareció entretenida la mueca que Vicu hizo con su boca mientras pensaba en la respuesta, casi tan rara como ella.
-Me he pasado toda la tarde aquí, y es que en realidad no lo sé, y no me gustan las mentiras- sonrió, fingiendo que era por lo que había dicho, aunque en realidad se reía de su expresión, tierna, de no entender.
-Yo quiero no saber hacia dónde ir -dijo mirándola, con un fuego inocente en sus ojos, como queriéndola derretir, sin querer.
-No me conoces.
-Eso es lo que me hace querer ir... El no saber a qué voy.
Tomó su maleta rectangular, llena de papeles raros por todos lados, firmemente desde la manilla que tenía un corazón rojo, muy rojo, y le miró.
Tomaron el vuelo 201, a las siete cuarenta y tres de la tarde -horario de Nápoles, Italia-, con destino a Islandia, una isla al noroeste de Europa.
Juntos.
Nunca he sido un ser humano común, supongo que lo que acabo de hacer, subirme a un avión junto a alguien que quiere seguirme, no sé porqué... No debe ser de lo más normal. (Supongo, dije). Y te prometo vivir. Y trarar de no ser una cobarde.
De vivir. Lo prometo. Pase lo que pase. Latir.
Escribió, finalmente, con un bolígrafo rojo, como el corazón de su equipaje, al final del texto de ese día. De un buen comienzo; aunque algo... Extraño, pero especial.
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