Galletas con manjar

A Michelle le encanta el olor de las manos de su tía Estela, que siempre huele a frutas o a algún condimento de la cocina.
La quiere como a nadie.
Desde que sus papás se separaron, ella comparte la mayor parte de su tiempo leyéndole, ya que la mujer, robusta y de ojos buenos, no sabe unir las letras del alfabeto.
Lo que más le gusta son los poemas de amor que saca de su libro favorito, porque su pequeña los recita como si fuesen parte de ella, 'como de memoria', y que, según ella, debe de ser por la cantidad de frutas que le pica por la mañana, o los consejos para que respire con ganas cuando van de paseo al campo de Pilar, la hermana mayor. O el xilófono que le regló la navidad pasada, cuando se quedó en su casa porque quería abrazarla, como primer regalo, cuando fuesen las doce.

Cuando llegué a la casa de Estela, encontré acurrucada, en el sofá rojo, a la joven con cara de niña y ojos juguetones, comiendo galletas con manjar, distraída, observando la estrella colocada en la cima del árbol de navidad. Calculé que tenía unos dieciséis años, por sus formas definidas, pero, si le hubiese visto de reojo, por su actitud, no le habría podido creer que tenía casi veinte cuando me lo aclaró, risueña, meses más tarde.
-Michelle, mira quien viene- dijo la alegre Estela, empujándome hacia donde estaba Michelle.
-Hola- masculló tímidamente, al acercarse hacia mi. Sonriendo.


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4 han escrito lo que sienten:

Sonia. dijo...

que lindura!!.. quiero una tia asi.

todas mis tias les huele la mano a acetona o a barniz.


besitos nena

Belén dijo...

Mi abuela olía a bizcocho...

;)

Besicos

àngela dijo...

Me encanta este texto también huele a frutas :)

pepe dijo...

-eh.. no recuerdo las buenas noches de mi mamá..y tampoco recuerdo haberme quedado dormido- dijo con cara de extrañeza.
-Por que lo dices?- le preguntó.
- Porque siento que estoy soñando.

 

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