-Hey tú -llamó al primer muchacho que se le cruzó en el camino.
-¿Yo? -respondió apuntandose el corazón con el dedo índice.
-Sí... Dime algo, por favor... -ordenó mientras caminaba y se acercaba a tal punto, que él la miró rozándole la nariz, nervioso.
-Este... ehm... ¿Hola?
-No, no -alegó desepcionada de la poca creatividad que tuvo y sacudió la cabeza.
-Lo siento, no soy bueno...
-¿Qué ves en esa nube? -le interrumpió entretenida por los dibujos que las nubes formaban en el cielo luego de una suave lluvia de otoño.
Él tardó un par de segundos en contestar. No sabía qué pretendía esa chica extraña que lo interrumpió mientras concentrado, iba pensando en nada.
-Veo... Una tortuga -afirmó sin convencerle.
-No te creo, observa bien -insistía entretenida de ver la cara del joven dudando e intentando de decir lo que ella quería escuchar...
-Un... ¿hombre? -preguntó.
-Un pensamiento -susurró.
-¿Qué quieres?
-¿Estás apurado? -le observó estudiando su expresión, despreocupada.
-Supongo que puedo pensar en otro momento -musitó y le sonrió al tiempo.
-¿Podemos ir a Venus?
-Supongo que...
-Supones demasiado -irrumpió cuando él iba a dar alguna respuesta, o excusa.
Le tomó de la mano, y comenzó a hacer equilibrio sobre la línea del tren, diciéndole con la mirada que le imitara...
-¿Cómo te llamas? -inquirió ella.
-Guido.
-¿Guido? suena como guiso -bromeó.
-¿Y tú? ¿Cómo se llama la extraña que sin motivos irrumpió mi soledad para hablarme de cosas... especiales? -enfatizó el tono simpático para no desagradar.
-Mas bien, la chica que ahogada corrió al bosque sin esperar encontrarse con un extraño pensativo que le causa una curiosidad desesperante, y que la invitó a pasear por los rieles de la vida, afirmandola, sin conocerle, sólo para que no cayera -lo observó con una mirada cómplice, y agregó: sin darse cuenta...
La página 340
Ella despertó primero, de un salto. Como si hubiese tenido un sueño que no debía olvidar, o como si se le hubiese ocurrido una idea brillante.
Se inclinó un poco hacia el baúl que estaba a los pies de la cama y sacó un libro, abriéndolo en una página que salió al azar... La observó en silencio como para saber anticipadamente lo que decía y luego gritando entusiasmada en voz baja, esperando poder despertar a Lucas quien dormía junto a ella, leyó:
'La tercera opción era que él me amaba... El vínculo establecido entre nosotros dos era de los que ni la ausencia ni la distancia ni el tiempo podían romper, y no importaba que él pudiera ser más especial, guapo, brillante o perfecto que yo, él estaba tan irremediablemente atado como yo, y si le iba a pertenecer siempre, eso significaba que él siempre iba a ser mío...'
-Eso. -le dijo a Lucas apenas acababa de leer...- Eso es lo que siento.
-Elisa... -quedó en silencio observándola un momento, tratando de entender las palabras que había comenzado a oír a lo lejos...
-Mi papá me dijo una vez, que al abrir un libro, y elegir una página al azar, sale precisamente lo que debemos-necesitamos decir u oír... Yo quería que escucharas eso... Quería entenderlo al tiempo que lo entendieras tú- explicó.
-Yo lo siento, hace mucho... Pero al igual que tú no encontraba las palabras para describirlo... -susurró como si le contara un cuento de hadas a una niña de 6 años...
Elisa sonrió, reflejándose en los ojos de Lucas, reflejando la magia que desbordaban en ese momento, en ese amanecer... Diferente.
-Mío -musitó con una mirada traviesa y al mismo tiempo se enredó en su cuerpo, hacía frío.
Él cerró sus ojos, con una expresión de felicidad indescriptible.
-Siento haberte despertado -se disculpó la chica con una dulce expresión, y él la miró con esos ojos que, sin duda alguna, estaban irremediablemente enamorados de ella.
Se inclinó un poco hacia el baúl que estaba a los pies de la cama y sacó un libro, abriéndolo en una página que salió al azar... La observó en silencio como para saber anticipadamente lo que decía y luego gritando entusiasmada en voz baja, esperando poder despertar a Lucas quien dormía junto a ella, leyó:
'La tercera opción era que él me amaba... El vínculo establecido entre nosotros dos era de los que ni la ausencia ni la distancia ni el tiempo podían romper, y no importaba que él pudiera ser más especial, guapo, brillante o perfecto que yo, él estaba tan irremediablemente atado como yo, y si le iba a pertenecer siempre, eso significaba que él siempre iba a ser mío...'
-Eso. -le dijo a Lucas apenas acababa de leer...- Eso es lo que siento.
-Elisa... -quedó en silencio observándola un momento, tratando de entender las palabras que había comenzado a oír a lo lejos...
-Mi papá me dijo una vez, que al abrir un libro, y elegir una página al azar, sale precisamente lo que debemos-necesitamos decir u oír... Yo quería que escucharas eso... Quería entenderlo al tiempo que lo entendieras tú- explicó.
-Yo lo siento, hace mucho... Pero al igual que tú no encontraba las palabras para describirlo... -susurró como si le contara un cuento de hadas a una niña de 6 años...
Elisa sonrió, reflejándose en los ojos de Lucas, reflejando la magia que desbordaban en ese momento, en ese amanecer... Diferente.
-Mío -musitó con una mirada traviesa y al mismo tiempo se enredó en su cuerpo, hacía frío.
Él cerró sus ojos, con una expresión de felicidad indescriptible.
-Siento haberte despertado -se disculpó la chica con una dulce expresión, y él la miró con esos ojos que, sin duda alguna, estaban irremediablemente enamorados de ella.
Perfecta casualidad
-Adivina... -le pidió a Tomás mientras ella tenía la mirada perdida...
-Ana... Tú sabes que no me gusta adivinar cuando te vas... -dijo con la expresión que tienen los niños cuando terminan su juego favorito por que tienen que ir a dormir.
-Esta vez no es eso... -advirtió sonriéndole.
-¿Entonces?
La chica se puso de pie, tomó su cámara y fotografió a un abuelo y su nieto jugando...
-Dos cosas -le mostró la imagen que aparecía en la pantalla acomodándose a su lado- la primera, es que desde hace mucho rato que ellos me llaman la atención; Él mira al pequeño con ternura, un amor que no creo a sus hijos les haya demostrado... A lo mejor estaba muy preocupado del trabajo, del dinero, y se arrepiente... Pero tiene una nueva oportunidad, y vive con ese niño lo que perdió sin sus hijos propios...
-¿Y la segunda? -le recordó luego de escucharle atentamente.
-La segunda... -se mantuvo cuatro segundos en silencio y con sus ojos sonrió.- La segunda es que tú no tendrás que esperar una segunda oportunidad para disfrutar esos pasitos cortos intentando escapar de un ataque de cosquillas o esas carcajadas infantiles que de la pura alegría los hacen gritar.
La miró, la besó y no esperó a que el bebé estuviese fuera para comenzar a disfrutar...
Un 'Te quiero' de algodón
-¿Aló? -contestó el teléfono con un tono de voz inexpresivo.
-Lucas... -dije suspirando con un dejo de tristeza en mi.
-¡Elisa! -exclamó con un énfasis que me dio pie para imaginarme su enorme y bella sonrisa dirigida hacia mi.
-¿Cómo estás? -traté de articular disimulando cómo tiritaban mis palabras de la pura pena.
-Sentado -bromeó como siempre...
-¿Como siempre? -le seguí, pero de pronto un sollozo se me escapó desde lo más hondo del corazón.
-¿Estás llorando? -inquirió extrañado...
-Sólo un poco, me enteré de algo que me dejó algo... Sensible -traté de buscar las palabras perfectas para no preocuparle tanto.
-¿Qué pasó? -continuó ignorando la explicación.
-No es lo importante -dije restándole importancia- quería decirte que tus mensajes llegaron en el momento justo, quería recordarte lo mucho que te quiero...
-También yo... Pero... Deja de llorar que me harás llorar a mi... -expresó con voz temblorosa al oírme cada vez sumergirme más y más en la melancolía.
-Sólo... Sólo quería escuchar tu voz... Te extraño tanto... -confesé susurrando, sin contenerme y rompí a llorar.
-No es muy linda que digamos -intentó hacerme reír hablando y sollozando a la vez...
-Espérame -murmuré cerrando los ojos como si lo tuviese en frente.
-Siempre... -respondió acariciándome el alma.
(...)
-Te quiero mucho -dije luego de una vaga conversación.
-Yo también -repitió esta vez casi de forma inaudible.
Colgó el teléfono, y yo me quedé tres minutos observando el cronómetro de llamadas:
00:16:34
dieciséis minutos y treinta y cuatro segundos abrazados. Otros tres de la mano, y el resto... Recordándonos... Tiernamente, a distancia.
Siempre hablé de nosotros
-Ay Lucas... Tantos recuerdos se vienen a mi mente ahora -susurraba nostálgica mientras observaba la forma de las nubes en el cielo...
-¿Como cuales? -inquirió mientras le acariciaba la espalda de abajo hacia arriba... Casi abrazándola.
-Como cuando te pedí que me describieras tu día perfecto... -rememoró dirigiéndole una mirada de complicidad bajo los cálidos rayos del sol...-¿Como cuales? -inquirió mientras le acariciaba la espalda de abajo hacia arriba... Casi abrazándola.
-Mi día perfecto...-repitió.
-¿Lo olvidaste? -Elisa desvió la mirada que se inundaba de tristeza...
-Me despertaba contigo al lado, te saludaba con un beso en la mejilla, luego nuestra hija venía a dormir con nosotros... Nos levantábamos, íbamos a jugar al bosque, y comenzaba a llover... Yo gritaba...
-Un te amo para ti, y luego me ponía a llorar al verles jugando a ti y a la pequeña sin mi, diciéndoles 'no vuelvan a hacerlo, no vuelvan a jugar sin mí'... -lo interrumpió terminando parte de la descripción que un día le había oído...
-Sí -afirmó con los ojos llenos de ternura...
-Cuando lo narraste no hablabas de nosotros... Me prometiste que jamás lo olvidarías, y... Y no lo olvidaste... -musitó emocionada y él la besó, recordándole que cumple las promesas que le hace a la mujer que le robó la vida...
Dos camillas vacías
-¿Entonces? -preguntó el doctor mientras Elisa estaba recostada en la cama del hospital, sin fuerzas, a penas oyendole.
-No. -fue todo lo que respondió casi en un susurro que al parecer, le costaba articular no precisamente por el dolor físico...
-¡¿Qué?! -gritó la madre de Lucas, mientras escuchaba la negativa de la chica...
-Dije que no. No quiero donarle mi corazón a su hijo... -reafirmó mirándole a los ojos, tratando de sacar algo de voz, sin grandes logros.
-Sabía que no lo amabas como decías... Sabía... -dijo a penas, antes de irse con los hombros caídos y la expresión ausente...
Elisa pidió que la llevaran a la pieza 214 donde se encontraba él, en coma, inconsciente.
"¿Sabes que te amo verdad? -le susurraba entre lágrimas que no pedían permiso para salir...- Y sabes que te voy a querer hasta que el cielo sea verde como me dijiste un día... -temblaba. Actuaba por inercia, como si su vida se apagara sincronizadamente con la de Lucas...- Espérame, pronto te alcanzaré. Luego entenderás todo..."-y no pudo balbucear ni una palabra más. No quiso decir adiós.
Él falleció al día siguiente. Daniela, la amiga de Elisa llegó a su habitación para ver como estaba... Moriría también, tenía más órganos dañados que él. Nadie se explicaba cómo había negado la petición de los doctores...
-Elisa... Lo siento... -murmuró al entrar y verle llorando en silencio...
-Nadie entiende, nadie entiende... -expresaba tan bajo que Daniela tuvo que acercarse para escucharla... -Me costó, me costó mucho... Y para él fue tan fácil amarme... -se retorcía como si su alma se despedazara lentamente... llorando esta vez sin ocultar todo el dolor que sentía...
-¿Puedo hacer algo por ti? -le ofreció mientras la abrazaba sintiéndose inútil en ese momento...
-Llévale esto a su hermana. Que lo lea cuando estén en su funeral -articuló casi sin vida la joven...
"Perdón. Sé que es un dolor intenso, lo sé. A mi me ha partido el alma en mil pedazos... Lo lamento. En estos momentos deben sentir la ausencia, pero no más que yo, créanme. Los mejores momentos de mi vida los pasé junto a él. Los mejores. Con él sentí lo hermoso que puede llegar a ser un atardecer; vi las mejores obras de arte en las nubes, compartí mis sueños. Me enseñó lo que es el amor en verdad. Gracias a él viví mi vida, haciéndolo parte de ella. Gracias a él pasaba horas enteras haciendo una de las cosas que me completa. Mi inspiración se acaba de ir con él, dejando un vacío que hierve.
Ahora deben preguntarse:¿Porqué tomé la decisión? Es simple. Sabía lo duro que sería. Sabía que después de esto mi alma no serviría para nada. Sabía que el frío intenso de la ausencia me calaría los huesos a tal punto que yo misma desearía la muerte y le perdería el miedo. Sabía que después de él, nada importaría. Sabía. Yo lo sabía... Y no quería que él pasara por lo mismo..."
La hermana de Lucas, no pudo continuar... Dobló el papel y lo dejó junto a su ataúd. Para que conservara aquel prueba de un inmenso amor, eternamente.
-No. -fue todo lo que respondió casi en un susurro que al parecer, le costaba articular no precisamente por el dolor físico...
-¡¿Qué?! -gritó la madre de Lucas, mientras escuchaba la negativa de la chica...
-Dije que no. No quiero donarle mi corazón a su hijo... -reafirmó mirándole a los ojos, tratando de sacar algo de voz, sin grandes logros.
-Sabía que no lo amabas como decías... Sabía... -dijo a penas, antes de irse con los hombros caídos y la expresión ausente...
Elisa pidió que la llevaran a la pieza 214 donde se encontraba él, en coma, inconsciente.
"¿Sabes que te amo verdad? -le susurraba entre lágrimas que no pedían permiso para salir...- Y sabes que te voy a querer hasta que el cielo sea verde como me dijiste un día... -temblaba. Actuaba por inercia, como si su vida se apagara sincronizadamente con la de Lucas...- Espérame, pronto te alcanzaré. Luego entenderás todo..."-y no pudo balbucear ni una palabra más. No quiso decir adiós.
Él falleció al día siguiente. Daniela, la amiga de Elisa llegó a su habitación para ver como estaba... Moriría también, tenía más órganos dañados que él. Nadie se explicaba cómo había negado la petición de los doctores...
-Elisa... Lo siento... -murmuró al entrar y verle llorando en silencio...
-Nadie entiende, nadie entiende... -expresaba tan bajo que Daniela tuvo que acercarse para escucharla... -Me costó, me costó mucho... Y para él fue tan fácil amarme... -se retorcía como si su alma se despedazara lentamente... llorando esta vez sin ocultar todo el dolor que sentía...
-¿Puedo hacer algo por ti? -le ofreció mientras la abrazaba sintiéndose inútil en ese momento...
-Llévale esto a su hermana. Que lo lea cuando estén en su funeral -articuló casi sin vida la joven...
"Perdón. Sé que es un dolor intenso, lo sé. A mi me ha partido el alma en mil pedazos... Lo lamento. En estos momentos deben sentir la ausencia, pero no más que yo, créanme. Los mejores momentos de mi vida los pasé junto a él. Los mejores. Con él sentí lo hermoso que puede llegar a ser un atardecer; vi las mejores obras de arte en las nubes, compartí mis sueños. Me enseñó lo que es el amor en verdad. Gracias a él viví mi vida, haciéndolo parte de ella. Gracias a él pasaba horas enteras haciendo una de las cosas que me completa. Mi inspiración se acaba de ir con él, dejando un vacío que hierve.
Ahora deben preguntarse:¿Porqué tomé la decisión? Es simple. Sabía lo duro que sería. Sabía que después de esto mi alma no serviría para nada. Sabía que el frío intenso de la ausencia me calaría los huesos a tal punto que yo misma desearía la muerte y le perdería el miedo. Sabía que después de él, nada importaría. Sabía. Yo lo sabía... Y no quería que él pasara por lo mismo..."
La hermana de Lucas, no pudo continuar... Dobló el papel y lo dejó junto a su ataúd. Para que conservara aquel prueba de un inmenso amor, eternamente.
La bicicleta de papá
-¿Qué te pasa papá? -le pregunté en el momento que lo vi, al abrir la puerta riéndose de un modo diferente...
-Nada -se apuró en responder y cerró la puerta separándole de mi para evitar ser visto entre carcajadas sin motivo.
-¿Papá? -inquirí nuevamente, esta vez entretenida al verle así...
-Es que... Estoy feliz... -dijo soltando las manos y moviendo la cabeza... Explicándome... como si no me hubiese dado cuenta.
-Lo sé, ¿Hay algún motivo en especial?
-No -susurró orgulloso- No hay motivo. Estoy feliz. Feliz de poder llegar a mi casa, y ver a mi hija mayor de pie, a mi esposa en nuestra cama, descansando. Poder darles seguridad. Poder abrazarte. Eso... sí, ese es un gran motivo. Sí que lo hay...
-Entonces sí lo hay -enfaticé emocionada al darme cuenta de lo simple que era hacerlo feliz, lo abrasé, le di un beso en la mejilla y lo volví a abrazar...
-¿Sabes? a veces me siento solo... -musitó alejándose un poco de mi, tomando una expresión un poco más seria...
-Solo... -repetí. Sabía que eso sentía. -¿Cómo? -fingí no entender...
-Siento que mi mochila es tan pesada... Tengo un hermano que no veo hace más de nueve años, está tan lejos... -levantó la mirada hacia la izquierda, como quien recuerda... sus ojos se llenaron de lágrimas- y tengo otro hermano, que quizás qué piensa de mi... -continuó esta vez afligido, como si de pronto todos los malos recuerdos se hubiesen puesto de acuerdo para arruinar el momento.
-Papá... Deberías sentirte orgulloso por como logras las cosas... Planeas, te esfuerzas, logras tus metas; nuestras metas. -le miraba con esperanzas de que volviera la expresión de un inicio...
-Yo sé. Pero a veces me cuestiono tantas cosas...
-Mi hermana y yo somos tu mayor responsabilidad hoy, tu mismo lo dices. ¿¡Quién mejor que yo para decirlo!?... haz hecho un gran trabajo, conmigo, con ella...
-Ella me mira con ojos de rabia. Es como si me odiara por que trato de corregirle...
-Entenderá -repuse mientras lo miraba sonriendole. Isabel era más 'difícil' que yo. Manipulaba a su antojo a mis papás... No la culpamos, tiene solo once años. Es una experta sí. Pero no pueden dejar de enseñarle por que ponga ojos de rabia, o expresiones infelices.
-¿Tu crees que pueda con ella? Tiene once años a penas... No quiero saber qué pasará cuando tenga quince... -hablaba consigo mismo. Se respondía solo. Yo solo le hacía compañía.
-Papá, escúchame: Cualquiera en tu lugar no hubiese podido... Sabes a qué me refiero -le abrí los ojos buscando esa mirada azul que tantas veces me leía la mente -Eres una gran persona...
-Si yo me detengo cuando vayamos cuesta arriba, por favor no me dejes solo... -me tomó de los hombros, sin contener el llanto... -no me dejes solo, nunca, nunca. A pesar de lo torpe que pueda llegar a ser, yo confío en ti. Si flaqueo, esperame...
Con cada palabra me sobrecogía de una forma inhumana. Me daba tristeza, pero a la vez fuerzas. Sí. Confiaba en mí. Y yo jamás podría defraudarle...
-Papá, papá -murmuraba para que él dejara sus temores de lado... -Cómo dices eso. Te amo, y punto. No hay nada que temer... Sea como sea, siempre estaré. No podría dejarte solo, aunque fueras el peor del mundo. Eres mí papá. Quien me enseñó a andar en bicicleta aún después de haberme caído; hiciste mis miedos desaparecer. Me enseñas a vivir. A ser feliz, a ser feliz sin más motivo que el tenerte, el tenerlos a mamá, a Isabel y a ti.
Las lágrimas salían como gotas de lluvia. Salpicadas con cada parpadeo. Había recobrado la seguridad, para subirse a la bicicleta más importante, y pedalear. Con fuerzas. Nuevas fuerzas...
-Nada -se apuró en responder y cerró la puerta separándole de mi para evitar ser visto entre carcajadas sin motivo.
-¿Papá? -inquirí nuevamente, esta vez entretenida al verle así...
-Es que... Estoy feliz... -dijo soltando las manos y moviendo la cabeza... Explicándome... como si no me hubiese dado cuenta.
-Lo sé, ¿Hay algún motivo en especial?
-No -susurró orgulloso- No hay motivo. Estoy feliz. Feliz de poder llegar a mi casa, y ver a mi hija mayor de pie, a mi esposa en nuestra cama, descansando. Poder darles seguridad. Poder abrazarte. Eso... sí, ese es un gran motivo. Sí que lo hay...
-Entonces sí lo hay -enfaticé emocionada al darme cuenta de lo simple que era hacerlo feliz, lo abrasé, le di un beso en la mejilla y lo volví a abrazar...
-¿Sabes? a veces me siento solo... -musitó alejándose un poco de mi, tomando una expresión un poco más seria...
-Solo... -repetí. Sabía que eso sentía. -¿Cómo? -fingí no entender...
-Siento que mi mochila es tan pesada... Tengo un hermano que no veo hace más de nueve años, está tan lejos... -levantó la mirada hacia la izquierda, como quien recuerda... sus ojos se llenaron de lágrimas- y tengo otro hermano, que quizás qué piensa de mi... -continuó esta vez afligido, como si de pronto todos los malos recuerdos se hubiesen puesto de acuerdo para arruinar el momento.
-Papá... Deberías sentirte orgulloso por como logras las cosas... Planeas, te esfuerzas, logras tus metas; nuestras metas. -le miraba con esperanzas de que volviera la expresión de un inicio...
-Yo sé. Pero a veces me cuestiono tantas cosas...
-Mi hermana y yo somos tu mayor responsabilidad hoy, tu mismo lo dices. ¿¡Quién mejor que yo para decirlo!?... haz hecho un gran trabajo, conmigo, con ella...
-Ella me mira con ojos de rabia. Es como si me odiara por que trato de corregirle...
-Entenderá -repuse mientras lo miraba sonriendole. Isabel era más 'difícil' que yo. Manipulaba a su antojo a mis papás... No la culpamos, tiene solo once años. Es una experta sí. Pero no pueden dejar de enseñarle por que ponga ojos de rabia, o expresiones infelices.
-¿Tu crees que pueda con ella? Tiene once años a penas... No quiero saber qué pasará cuando tenga quince... -hablaba consigo mismo. Se respondía solo. Yo solo le hacía compañía.
-Papá, escúchame: Cualquiera en tu lugar no hubiese podido... Sabes a qué me refiero -le abrí los ojos buscando esa mirada azul que tantas veces me leía la mente -Eres una gran persona...
-Si yo me detengo cuando vayamos cuesta arriba, por favor no me dejes solo... -me tomó de los hombros, sin contener el llanto... -no me dejes solo, nunca, nunca. A pesar de lo torpe que pueda llegar a ser, yo confío en ti. Si flaqueo, esperame...
Con cada palabra me sobrecogía de una forma inhumana. Me daba tristeza, pero a la vez fuerzas. Sí. Confiaba en mí. Y yo jamás podría defraudarle...
-Papá, papá -murmuraba para que él dejara sus temores de lado... -Cómo dices eso. Te amo, y punto. No hay nada que temer... Sea como sea, siempre estaré. No podría dejarte solo, aunque fueras el peor del mundo. Eres mí papá. Quien me enseñó a andar en bicicleta aún después de haberme caído; hiciste mis miedos desaparecer. Me enseñas a vivir. A ser feliz, a ser feliz sin más motivo que el tenerte, el tenerlos a mamá, a Isabel y a ti.
Las lágrimas salían como gotas de lluvia. Salpicadas con cada parpadeo. Había recobrado la seguridad, para subirse a la bicicleta más importante, y pedalear. Con fuerzas. Nuevas fuerzas...
¿Y si se cae? Da igual... Yo sé como levantarle y animarlo a continuar...
Palpita la intuición.
¡Lucas! -Gritó Elisa al despertar exaltada, luego de haber soñado con él después de tanto tiempo. Lo extrañaba, sin duda. La noche anterior, sin darse cuenta, se durmió mientras revelaba su amor a la almohada que tenía bajo su cabeza, creyendo que él la oiría, en tanto las lágrimas rodaban y rodaban como hace mucho no sucedía.
En aquel sueño, lo veía recostado en la arena de una playa desierta. Hacía frío. Ella se acercó lentamente... un poco más rápido, hasta que llegó donde él se encontraba casi corriendo, entre pasos cautos.
Se arrodilló ante su cuerpo, durmiente como Lucas estaba, en paz, descansando, respirando profundo, como si suspirara.
Ella lo contempló durante doce minutos. Desde sus ojos hondos, sus pómulos perfectos, sus labios que dibujaban un leve cerro entre su bozo y su mentón. Su pelo oscuro que parecía ajeno a toda la naturaleza que con el gélido viento se movía sin cesar, con su pecho que se balanceaba mientras inhalaba. Doce minutos que no se hicieron nada, que parecieron solo dos parpadeos, que pasaron sin que ella lo notara...
-Lucas... -le susurraba con la vista humedecida por una emoción que aún no lograba entender... - Lucas mirarme, abre tus ojos mi amor, aquí estoy... Al fin...
Pero no había reacción alguna, más su respiración le tranquilizaba demostrándole que sí estaba vivo.
Continuó observando, pero ahora con el tacto. Dibujando cada parte de su rostro con sus dedos, blancos y delgados... -Te quiero... Te quiero tanto... - expresaba una y otra vez, mientras sus párpados estaban cerrados, su corazón agitado y su boca trazando sonrisas que sólo a él se referían.
Ahora Elisa dejaba de tener una actitud sorprendida; por que aunque era sólo un sueño, sentía el febril deseo de tomar su rostro, y no separarlo de su alma jamás... Ya mucho habían esperado... Entonces se acercó, y ubicó su mejilla junto a la de Lucas, y ambas quedaron así por otros nueve minutos. El tiempo no era nada, se reducía a parpadeos que pasaban desapercibidos...
-Elisa... -murmuró él mientras sentía su olor, su calor junto; a penas despertó de su dulce sueño a orillas del mar -Al fin... al fin... -repetía sonriendo, emocionado.
Al fin.
Elisa, quien soñando aún estaba, sintió como su cuerpo se aproximaba a ella, quedando los corazones más juntos que nunca, sentía como los brazos que había dibujado en un momento, ahora la rodeaban casi con una ternura desesperada, torpe pero a la vez sensitiva...
-Valiente, valiente, valiente... -le repetía despacio al oído, conmovida al notar como su cuerpo se estremecía... Como si la corriente que de lejos los había unido por más de tres años, los hacía uno solo... tan solo un ser, invisible para el resto del universo...
Se pusieron de pie. Elisa sonriendo, lo observó con un rostro de niña pequeña queriendo jugar, y comenzó a correr, por la playa, insinuándolo a que la siguiera, como jugando a la pinta... Y él lo hizo. Ambos dentro de un espacio fuera de todo lo normal que pudiese existir. Ella, a seis metros de él, le gritó lo mucho que lo amaba, que lo amaba en serio... Que quería estar con él más allá de esta vida, y de las que vienen...
Entonces, corrió nuevamente, pero ahora no escapando, no dentro del juego. Ahora corría a sus brazos, a los brazos que tanto añoró... Hasta que se colgó de su cuello y enredó sus piernas de niña inquieta entre aquella figura masculina. Vueltas... Comenzaron a dar muchas vueltas y cayeron perdiendo la noción de casi todo...
Rieron, rieron de la situación. Rieron de felicidad, de poder al fin, hacer realidad lo idealizado. Ella cerró sus ojos, recostada girando hasta quedar con su rostro apuntando hacia el cielo.
Lucas la observaba ahora... tendida respirando, viviendo, con una libertad que nadie más podría adquirir, era como si no tuviera nada más que hacer, ninguna preocupación más allá de eso, del sentir con cada parte de su ser, con sus cinco sentidos y más, cada efecto que -lo que realmente podríamos considerar la vida- producían en aquella criatura...
Se acercó a su rostro blanco, helado pero cálido al mirarle, sus mejillas con un tono rosáceo, sus labios rojizos, sus pestañas largas y oscuras. Su silencio. Un silencio que lo volvía loco...
Y la besó. El primer beso, el primer beso de ese reencuentro. El reencuentro de esta vida, que al fin podía concretarse... Tocando sus labios le hizo sentir todo lo que Elisa reclinada en la arena había estado percibiendo de la vida...
En ese momento Lucas y Elisa dejaron de respirar.
En ese momento Lucas y Elisa se intercambiaron los corazones, uniéndolos en el aire.
En ese momento Lucas y Elisa se entregaron por completo, más allá del alma. Perdiéndose en el más bello atardecer...
En ese momento... Lucas y Elisa resumieron la vida.
En un beso.
En un sueño.
Un sueño que se hará realidad... Ambos tienen certeza de ello.
En aquel sueño, lo veía recostado en la arena de una playa desierta. Hacía frío. Ella se acercó lentamente... un poco más rápido, hasta que llegó donde él se encontraba casi corriendo, entre pasos cautos.
Se arrodilló ante su cuerpo, durmiente como Lucas estaba, en paz, descansando, respirando profundo, como si suspirara.
Ella lo contempló durante doce minutos. Desde sus ojos hondos, sus pómulos perfectos, sus labios que dibujaban un leve cerro entre su bozo y su mentón. Su pelo oscuro que parecía ajeno a toda la naturaleza que con el gélido viento se movía sin cesar, con su pecho que se balanceaba mientras inhalaba. Doce minutos que no se hicieron nada, que parecieron solo dos parpadeos, que pasaron sin que ella lo notara...
-Lucas... -le susurraba con la vista humedecida por una emoción que aún no lograba entender... - Lucas mirarme, abre tus ojos mi amor, aquí estoy... Al fin...
Pero no había reacción alguna, más su respiración le tranquilizaba demostrándole que sí estaba vivo.
Continuó observando, pero ahora con el tacto. Dibujando cada parte de su rostro con sus dedos, blancos y delgados... -Te quiero... Te quiero tanto... - expresaba una y otra vez, mientras sus párpados estaban cerrados, su corazón agitado y su boca trazando sonrisas que sólo a él se referían.
Ahora Elisa dejaba de tener una actitud sorprendida; por que aunque era sólo un sueño, sentía el febril deseo de tomar su rostro, y no separarlo de su alma jamás... Ya mucho habían esperado... Entonces se acercó, y ubicó su mejilla junto a la de Lucas, y ambas quedaron así por otros nueve minutos. El tiempo no era nada, se reducía a parpadeos que pasaban desapercibidos...
-Elisa... -murmuró él mientras sentía su olor, su calor junto; a penas despertó de su dulce sueño a orillas del mar -Al fin... al fin... -repetía sonriendo, emocionado.
Al fin.
Elisa, quien soñando aún estaba, sintió como su cuerpo se aproximaba a ella, quedando los corazones más juntos que nunca, sentía como los brazos que había dibujado en un momento, ahora la rodeaban casi con una ternura desesperada, torpe pero a la vez sensitiva...
-Valiente, valiente, valiente... -le repetía despacio al oído, conmovida al notar como su cuerpo se estremecía... Como si la corriente que de lejos los había unido por más de tres años, los hacía uno solo... tan solo un ser, invisible para el resto del universo...
Se pusieron de pie. Elisa sonriendo, lo observó con un rostro de niña pequeña queriendo jugar, y comenzó a correr, por la playa, insinuándolo a que la siguiera, como jugando a la pinta... Y él lo hizo. Ambos dentro de un espacio fuera de todo lo normal que pudiese existir. Ella, a seis metros de él, le gritó lo mucho que lo amaba, que lo amaba en serio... Que quería estar con él más allá de esta vida, y de las que vienen...
Entonces, corrió nuevamente, pero ahora no escapando, no dentro del juego. Ahora corría a sus brazos, a los brazos que tanto añoró... Hasta que se colgó de su cuello y enredó sus piernas de niña inquieta entre aquella figura masculina. Vueltas... Comenzaron a dar muchas vueltas y cayeron perdiendo la noción de casi todo...
Rieron, rieron de la situación. Rieron de felicidad, de poder al fin, hacer realidad lo idealizado. Ella cerró sus ojos, recostada girando hasta quedar con su rostro apuntando hacia el cielo.
Lucas la observaba ahora... tendida respirando, viviendo, con una libertad que nadie más podría adquirir, era como si no tuviera nada más que hacer, ninguna preocupación más allá de eso, del sentir con cada parte de su ser, con sus cinco sentidos y más, cada efecto que -lo que realmente podríamos considerar la vida- producían en aquella criatura...
Se acercó a su rostro blanco, helado pero cálido al mirarle, sus mejillas con un tono rosáceo, sus labios rojizos, sus pestañas largas y oscuras. Su silencio. Un silencio que lo volvía loco...
Y la besó. El primer beso, el primer beso de ese reencuentro. El reencuentro de esta vida, que al fin podía concretarse... Tocando sus labios le hizo sentir todo lo que Elisa reclinada en la arena había estado percibiendo de la vida...
En ese momento Lucas y Elisa dejaron de respirar.
En ese momento Lucas y Elisa se intercambiaron los corazones, uniéndolos en el aire.
En ese momento Lucas y Elisa se entregaron por completo, más allá del alma. Perdiéndose en el más bello atardecer...
En ese momento... Lucas y Elisa resumieron la vida.
En un beso.
En un sueño.
Un sueño que se hará realidad... Ambos tienen certeza de ello.
Antes de tener memoria
Abrió la puerta descuidada, sin saber quien estaba allí afuera... Había un dulce en su boca, moviéndose como su lengua decidía.
Sus ojos se clavaron en los de Lucas. Tanto lo había esperado... Pero jamás imaginó que ahí lo vería, sorpresivamente.
-Hola -dijo al tiempo que se tragó el dulce que estaba ya casi deshecho, dejándole un aliento a frambuesa.
-Hola Elizabeth... -le sonrió nervioso, sin entender cómo había dispuesto ese día para verle por primera vez luego de tres años...
Lo hizo pasar; no era muy amplio, pero colorido sí que lo era. Le sonrió. Ambos recordaban grandes momentos, entre cuatro paredes.
Invierno, secretos. Café de madrugada, amaneceres llenos de besos cortos, complicidad, amor en el aire... Todo. Todo en tan solo cuatro paredes.
-Cumplo mis promesas Elizabeth, y te prometí que volvería -susurró mientras miraba un cuadro que ambos habían pintado una tarde de otoño, lleno de nostalgia; tratando de no demostrar su ansiedad, su angustiosa necesidad de besarla.
-Pensé que no... Tanto tiempo... -continuaba ella, intentando imitarle el ademán de despreocupación fijando sus ojos en la pintura, sin mirarla si quiera...
-Lo sé, mucho tiempo sí. Disculpame... -respondió girandose hacia ella...
-No importa. Reconozco que intenté olvidarte, aún sabiendo que podrías volver en cualquier momento, pero no fui capaz... -esta vez le habló directamente al corazón...
-Me alegra que tu voluntad sea tan débil -bromeó con una sonrisa entre sus labios al momento que sus manos cogió y de un empujón la apretó contra su cuerpo, abrazándola como la última vez que se vieron... Abrazándola tal cual, como lo hizo cuando le prometió volver a verle...
Sus ojos se clavaron en los de Lucas. Tanto lo había esperado... Pero jamás imaginó que ahí lo vería, sorpresivamente.
-Hola -dijo al tiempo que se tragó el dulce que estaba ya casi deshecho, dejándole un aliento a frambuesa.
-Hola Elizabeth... -le sonrió nervioso, sin entender cómo había dispuesto ese día para verle por primera vez luego de tres años...
Lo hizo pasar; no era muy amplio, pero colorido sí que lo era. Le sonrió. Ambos recordaban grandes momentos, entre cuatro paredes.
Invierno, secretos. Café de madrugada, amaneceres llenos de besos cortos, complicidad, amor en el aire... Todo. Todo en tan solo cuatro paredes.
-Cumplo mis promesas Elizabeth, y te prometí que volvería -susurró mientras miraba un cuadro que ambos habían pintado una tarde de otoño, lleno de nostalgia; tratando de no demostrar su ansiedad, su angustiosa necesidad de besarla.
-Pensé que no... Tanto tiempo... -continuaba ella, intentando imitarle el ademán de despreocupación fijando sus ojos en la pintura, sin mirarla si quiera...
-Lo sé, mucho tiempo sí. Disculpame... -respondió girandose hacia ella...
-No importa. Reconozco que intenté olvidarte, aún sabiendo que podrías volver en cualquier momento, pero no fui capaz... -esta vez le habló directamente al corazón...
-Me alegra que tu voluntad sea tan débil -bromeó con una sonrisa entre sus labios al momento que sus manos cogió y de un empujón la apretó contra su cuerpo, abrazándola como la última vez que se vieron... Abrazándola tal cual, como lo hizo cuando le prometió volver a verle...
Abusas de la morfina
-¿Estás bien? -fue todo lo que escuchó Elizabeth a lo lejos, mientras se imaginaba en algún lugar que para ella, fuese mejor que toda esa atmósfera que se le venía encima en ese momento.
-Sí. -respondió por inercia.
-¿Sí? yo diría que algo te pasa...
-¡Porqué no te callas! -le interrumpió sin dejarlo continuar con su juicio.
-¡¿Qué te pasa?! sólo trato de ayudarte... Odio verte así, conmigo pero a la vez ausente...
-Opino que deberías irte -sollozó mirándolo con amargura, y tristeza en su aspecto, frío y distante.
-¿Irme? -frunció el ceño y continuó incrédulo preguntando para intentar entender...
-Estoy ausente, sí. No quiero dejar de estarlo. Me duele entender, escuchar a los demás, por que aunque no quiera, oigo todo, me hiere todo; entiendo todo a mi modo. Me duele el solo hecho de estar...
-Y si me quedo contigo, para no-estar y hacerte compañía... ¿Me dejarías?
-Lo intentaste, no quiero sentir lástima por ti. Me irrita esa actitud. No me gusta. Quiero que te vayas, quiero que te vayas ahora... -sentenció mientras su expresión se endurecía más y más...
-¿Me quieres? -la chica se sorprendió al oír las palabras de Carlos, tan cálidas que hasta podía sentir el cariño abrazándola a pesar de su horrible modo de tratarle.
-Carlos... Sí, te quiero. Pero me doy asco al hacerte daño. No quiero, no quiero que sufras por mi culpa.
-¿Porqué no me dejas esa decisión a mi? -la tomó de los hombros y buscó sus ojos entre ese frío intenso que los separaba.
-Por que tú piensas con el corazón, y tu corazón quiere a Elizabeth, sea como sea. Sería como morfina para ti, y el estar conmigo no te dolería, mientras estuviera cerca... Pero me iré, me iré sin decirte nada, sin despedirme, de un día para otro; y conmigo se irá la morfina, y recién ahí te darás cuenta cuanto daño te causé. ¿Eso quieres? ¿quieres auto destruirte teniendome contigo?... Tomar tanta anestesia como puedas, para pasar por el lugar más peligroso y mortífero del mundo. De tú mundo... ¿Qué harás cuando el efecto pase? ¿Serás capaz de soportar tanto dolor? -terminaba de expresarse casi desesperada, dolida por la escena, como si eso fuese realmente a suceder. Enfatizando con sus manos cada palabra que a él, le destrozaba el alma.
-¿Entonces? -se limitó a murmurar atónito por la ejemplificación y lo que esto significaba.
-Creo que entonces... Adiós...
Carlos observaba como Elizabeth se alejaba de a poco, lentamente, casi como si no se moviera. Quizás esperaba que él se diera vuelta y la tomara del brazo, como pasa en las películas... Que la abrazara y le rogara que no se fuera. Que sus manos tocaran sus mejillas y secara sus lágrimas. Que la besara apasionadamente, como si fuese el último beso de la vida. A lo mejor esperaba que se enfureciera -cualquier cosa sería mejor- pero no. Nada de eso ocurrió.
Elizabeth al decir Adiós, no fue capaz de mirarle a los ojos; metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, y comenzó a irse. Él inclinó la cabeza hacia la derecha, la observó de reojo por si se arrepentía, pero nada. Entonces entendió que todo había sido cierto. Se quedó inmóvil, en silencio. Sin fuerzas si quiera para poder desplazarse a algún lado, donde su cuerpo fuera algo más que nada.
Ella al no oír reacción alguna, se detuvo. Sintió como la neblina enfriaba las lágrimas que al fin resbalaban por su rostro, un poco tarde -tal vez él hubiese tomado eso como un 'no me dejes, no me creas, estoy mintiendo... pero no quiero herirte...' sin embargo fue más fuerte, o cobarde.- Acurrucó su cuello y mentón entre su bufanda, y respiró. Pudo hacerlo... Sí.
-Sí. -respondió por inercia.
-¿Sí? yo diría que algo te pasa...
-¡Porqué no te callas! -le interrumpió sin dejarlo continuar con su juicio.
-¡¿Qué te pasa?! sólo trato de ayudarte... Odio verte así, conmigo pero a la vez ausente...
-Opino que deberías irte -sollozó mirándolo con amargura, y tristeza en su aspecto, frío y distante.
-¿Irme? -frunció el ceño y continuó incrédulo preguntando para intentar entender...
-Estoy ausente, sí. No quiero dejar de estarlo. Me duele entender, escuchar a los demás, por que aunque no quiera, oigo todo, me hiere todo; entiendo todo a mi modo. Me duele el solo hecho de estar...
-Y si me quedo contigo, para no-estar y hacerte compañía... ¿Me dejarías?
-Lo intentaste, no quiero sentir lástima por ti. Me irrita esa actitud. No me gusta. Quiero que te vayas, quiero que te vayas ahora... -sentenció mientras su expresión se endurecía más y más...
-¿Me quieres? -la chica se sorprendió al oír las palabras de Carlos, tan cálidas que hasta podía sentir el cariño abrazándola a pesar de su horrible modo de tratarle.
-Carlos... Sí, te quiero. Pero me doy asco al hacerte daño. No quiero, no quiero que sufras por mi culpa.
-¿Porqué no me dejas esa decisión a mi? -la tomó de los hombros y buscó sus ojos entre ese frío intenso que los separaba.
-Por que tú piensas con el corazón, y tu corazón quiere a Elizabeth, sea como sea. Sería como morfina para ti, y el estar conmigo no te dolería, mientras estuviera cerca... Pero me iré, me iré sin decirte nada, sin despedirme, de un día para otro; y conmigo se irá la morfina, y recién ahí te darás cuenta cuanto daño te causé. ¿Eso quieres? ¿quieres auto destruirte teniendome contigo?... Tomar tanta anestesia como puedas, para pasar por el lugar más peligroso y mortífero del mundo. De tú mundo... ¿Qué harás cuando el efecto pase? ¿Serás capaz de soportar tanto dolor? -terminaba de expresarse casi desesperada, dolida por la escena, como si eso fuese realmente a suceder. Enfatizando con sus manos cada palabra que a él, le destrozaba el alma.
-¿Entonces? -se limitó a murmurar atónito por la ejemplificación y lo que esto significaba.
-Creo que entonces... Adiós...
Carlos observaba como Elizabeth se alejaba de a poco, lentamente, casi como si no se moviera. Quizás esperaba que él se diera vuelta y la tomara del brazo, como pasa en las películas... Que la abrazara y le rogara que no se fuera. Que sus manos tocaran sus mejillas y secara sus lágrimas. Que la besara apasionadamente, como si fuese el último beso de la vida. A lo mejor esperaba que se enfureciera -cualquier cosa sería mejor- pero no. Nada de eso ocurrió.
Elizabeth al decir Adiós, no fue capaz de mirarle a los ojos; metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, y comenzó a irse. Él inclinó la cabeza hacia la derecha, la observó de reojo por si se arrepentía, pero nada. Entonces entendió que todo había sido cierto. Se quedó inmóvil, en silencio. Sin fuerzas si quiera para poder desplazarse a algún lado, donde su cuerpo fuera algo más que nada.
Ella al no oír reacción alguna, se detuvo. Sintió como la neblina enfriaba las lágrimas que al fin resbalaban por su rostro, un poco tarde -tal vez él hubiese tomado eso como un 'no me dejes, no me creas, estoy mintiendo... pero no quiero herirte...' sin embargo fue más fuerte, o cobarde.- Acurrucó su cuello y mentón entre su bufanda, y respiró. Pudo hacerlo... Sí.
Buenas noches II (final)
Buenas noches fue lo último que ella musitó antes de perderse en un sueño eterno. Y él... El se fue pensando en ella... Estuvieron en todo momento, el uno al otro pensándose a la hora de su muerte... Sin poder despedirse, o tan solo volverse a ver luego de esa desolada despedida.
Siglos pasaron, para que el reencuentro sucediera.
Ella, se reencarnó en un hombre de larga vida, mirada azul y pensamientos bellos. Alto, pelo oscuro, piel blanca y aspecto serio.
Mientras que él... Él se reencarnó en la hija de aquel hombre...
Nunca ni el padre, ni la hija sospecharon nada. Creyendo que la conexión extraña y sorprendente que se daba entre ellos, se debía a una cosa genética, buscando respuestas lógicas a todo el asunto.
-Hija, te quiero mucho -expresó mientras le acurrucaba entre las frazadas una noche de invierno, húmeda, pero despejada.
-También yo papá -respondió cerrando sus ojos, sonriendo feliz... Feliz de que hubiera una Luna tan bella para poder iluminar esa oscura noche de Junio que parecía consumir la ciudad.
-buenas noches -susurró. Fue entonces, cuando una corriente los envolvió por completo. Sus mentes no recordaban el porqué al murmurar esa frase, se les hacía tan familiar a ambos... y ahí la razón aparecía nuevamente entregando respuestas... Y es que los padres y sus hijas siempre dicen buenas noches ¿o no? (al menos eso se supone).
Tal vez sus mentes no. Pero cada huella que en sus corazones había quedado como grietas en el suelo luego de un terremoto, les hacía volver una y otra vez a aquel amor que algún día experimentaron incluso con el dolor de una despedida ineludible, abriendo las heridas, que ya no dolían, para sanarlas, y hacer que los corazones volviesen a latir, con más fuerza... Aunque ahora en diferente sintonía.
-Buenas noches papá.
Siglos pasaron, para que el reencuentro sucediera.
Ella, se reencarnó en un hombre de larga vida, mirada azul y pensamientos bellos. Alto, pelo oscuro, piel blanca y aspecto serio.
Mientras que él... Él se reencarnó en la hija de aquel hombre...
Nunca ni el padre, ni la hija sospecharon nada. Creyendo que la conexión extraña y sorprendente que se daba entre ellos, se debía a una cosa genética, buscando respuestas lógicas a todo el asunto.
-Hija, te quiero mucho -expresó mientras le acurrucaba entre las frazadas una noche de invierno, húmeda, pero despejada.
-También yo papá -respondió cerrando sus ojos, sonriendo feliz... Feliz de que hubiera una Luna tan bella para poder iluminar esa oscura noche de Junio que parecía consumir la ciudad.
-buenas noches -susurró. Fue entonces, cuando una corriente los envolvió por completo. Sus mentes no recordaban el porqué al murmurar esa frase, se les hacía tan familiar a ambos... y ahí la razón aparecía nuevamente entregando respuestas... Y es que los padres y sus hijas siempre dicen buenas noches ¿o no? (al menos eso se supone).
Tal vez sus mentes no. Pero cada huella que en sus corazones había quedado como grietas en el suelo luego de un terremoto, les hacía volver una y otra vez a aquel amor que algún día experimentaron incluso con el dolor de una despedida ineludible, abriendo las heridas, que ya no dolían, para sanarlas, y hacer que los corazones volviesen a latir, con más fuerza... Aunque ahora en diferente sintonía.
-Buenas noches papá.
Buenas noches

-¿Por cuánto tiempo te irás? -le preguntó con un gesto de resignación, desviando la mirada hacia la nada.
-No lo sé, me voy. Indefinido -murmuró sin el valor de mirarle, triste.
-¿Y si te pido que no te vayas?
-No depende de mi, ya sabes... Mi papá... -se limitó a dejar la frase inconclusa, creyendo que él entendía...
-Bueno. Trato de entender el porqué, pero no quiero amarrarte. Solo...-Dudó en continuar. No quería hacer más difícil la despedida- Sólo te pido que no te olvides de esto...
Le tomó de la cintura, y la abrazó tan fuerte como le fue posible, tratando de esconder la melancolía que le producía evocar esos recuerdos... Que tardarían un tiempo indefinido, a partir de ese día, para volver a experimentar...
Días, Meses, años tal vez han pasado... Y cada vez que la Luna aparece, ambos susurran bajo las sábanas, a miles de kilómetros de distancia: Buenas noches...
Unidos mediante un fino hilo.
Sentada en el piso de madera de esa escuela de ballet clásico, en el centro de la ciudad ella estaba... Sola, a oscuras... Casi segura de que nadie podría hallarla.
Él buscaba a su hermana, pero se encontró con alguien más, alguien que jamás esperó encontrar; ni allí, ni en ningún otro lugar...
-¿Estás bien? -dijo al tocarle el hombro para que en un acto inconsciente, ella girara el rostro hacia él.
-Pensé que ya no había nadie... -respondió con voz temblorosa al momento que lo miró con ojos desconcertados, y detuvo por un segundo la música. Su maquillaje desaparecía entre medio de lágrimas silenciosas... Luego, ignorando su pregunta y su presencia, apretó play de nuevo. Él se extrañó, dio media vuelta y caminó hacia la salida...
Pavarotti. Escuchaba a Pavarotti. Estaba seguro de eso:
Empuñó su mano para contenerse y cerró sus ojos... Lapso suficiente, para encontrarse con una gran sorpresa, y es que al parecer las melodías, había causado el mismo efecto en ella, quien se encontraba frente a él, más cerca de lo que debería...
-Solo quería... -trató de explicarle mientras ella tapaba sus labios con aquellos dedos fríos, cansados de contener el llanto...
-¿Puedes abrazarme? -le preguntó con el tono de voz más dulce y desamparado que pudo haber imaginado nunca... Al mismo tiempo que tomaba sus manos y las acercaba a su cintura... Lentamente...
No se dio cuenta en qué minuto, ella se había quitado las zapatillas de ballet, dejándolas cerca de donde la divisó por primera vez. Había encendido las luces, y el ambiente estaba muy diferente a como ahora se encontraba; sin embargo el dolor seguía en el aire... Sus pasos eran definitivamente de una danzarina, la mejor de todas sin duda.
-que nadie se duerma... -alcanzó a articular antes de detenerse a causa de los nervios. Su corazón lo asustó, latía como nunca antes... y es que en ese momento, el fino hilo rojo que la unía a ella desde mucho antes, se volvió a tocar, como si un destello de electricidad recorriera todo su cuerpo...- Tu tampoco, oh princesa... en tu fría estancia...Mi nombre nadie lo sabrá, y sólo cuando la luz brille... sobre tu boca lo diré temblando... y mi beso romperá el silencio... -le susurraba aquella canción en el oído, casi apoyado en su cuello, como sintiendo el dolor que ella sentía, como si lo absorbiera al mínimo contacto con su piel. Con una facilidad para expresarse, que nunca antes había experimentado.
Ella enmudeció. Conmovida con la ternura que emanaba cada poro de su ser... Jamás le habían cantado, menos al oído. Jamás se imaginó que aquél desconocido lo haría.
Continuaron abrazados, perdidos entre la voz del tenor, esperando que ese momento, que era fácil de comparar con una pausa en la imagen más bella de una película de amor, no acabara... no...
Nuevo silencio. Está vez, casi ensordecedor. Pero nada importaba. Los sollozos se perdieron, el canto cesó. La música dejó de escucharse. Todo se detuvo. Todo en un instante...
Él buscaba a su hermana, pero se encontró con alguien más, alguien que jamás esperó encontrar; ni allí, ni en ningún otro lugar...
-¿Estás bien? -dijo al tocarle el hombro para que en un acto inconsciente, ella girara el rostro hacia él.
-Pensé que ya no había nadie... -respondió con voz temblorosa al momento que lo miró con ojos desconcertados, y detuvo por un segundo la música. Su maquillaje desaparecía entre medio de lágrimas silenciosas... Luego, ignorando su pregunta y su presencia, apretó play de nuevo. Él se extrañó, dio media vuelta y caminó hacia la salida...
Pavarotti. Escuchaba a Pavarotti. Estaba seguro de eso:
nessun dorma! nessun dorma!
tu pure, oh principessa
nella tua fredda stanza,
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza...
Al escuchar la primera estrofa, él se detuvo como por arte de magia y se devolvió. No avanzó siquiera un paso hacia quien parecía ser la profesora de ballet, tan joven y frágil... en ese momento, desvanecida por una tristeza que visiblemente, le desgarraba el alma; que ni llorar la dejaba...tu pure, oh principessa
nella tua fredda stanza,
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza...
Empuñó su mano para contenerse y cerró sus ojos... Lapso suficiente, para encontrarse con una gran sorpresa, y es que al parecer las melodías, había causado el mismo efecto en ella, quien se encontraba frente a él, más cerca de lo que debería...
-Solo quería... -trató de explicarle mientras ella tapaba sus labios con aquellos dedos fríos, cansados de contener el llanto...
-¿Puedes abrazarme? -le preguntó con el tono de voz más dulce y desamparado que pudo haber imaginado nunca... Al mismo tiempo que tomaba sus manos y las acercaba a su cintura... Lentamente...
No se dio cuenta en qué minuto, ella se había quitado las zapatillas de ballet, dejándolas cerca de donde la divisó por primera vez. Había encendido las luces, y el ambiente estaba muy diferente a como ahora se encontraba; sin embargo el dolor seguía en el aire... Sus pasos eran definitivamente de una danzarina, la mejor de todas sin duda.
-que nadie se duerma... -alcanzó a articular antes de detenerse a causa de los nervios. Su corazón lo asustó, latía como nunca antes... y es que en ese momento, el fino hilo rojo que la unía a ella desde mucho antes, se volvió a tocar, como si un destello de electricidad recorriera todo su cuerpo...- Tu tampoco, oh princesa... en tu fría estancia...Mi nombre nadie lo sabrá, y sólo cuando la luz brille... sobre tu boca lo diré temblando... y mi beso romperá el silencio... -le susurraba aquella canción en el oído, casi apoyado en su cuello, como sintiendo el dolor que ella sentía, como si lo absorbiera al mínimo contacto con su piel. Con una facilidad para expresarse, que nunca antes había experimentado.
Ella enmudeció. Conmovida con la ternura que emanaba cada poro de su ser... Jamás le habían cantado, menos al oído. Jamás se imaginó que aquél desconocido lo haría.
Continuaron abrazados, perdidos entre la voz del tenor, esperando que ese momento, que era fácil de comparar con una pausa en la imagen más bella de una película de amor, no acabara... no...
Nuevo silencio. Está vez, casi ensordecedor. Pero nada importaba. Los sollozos se perdieron, el canto cesó. La música dejó de escucharse. Todo se detuvo. Todo en un instante...
Cuando regresó al final del principio...
Habían pasado siete años desde la tragedia. No me atrevía a volver allí. Sabía, que la culpa, los recuerdos, la impotencia y la desesperanza se abalanzarían sobre mi sin piedad alguna. Lo hice. Lo merecía...
Me bajé del avión a eso de las tres veinte de la tarde, y comenzó todo.
Parecía como si nadie en el aeropuerto hablara, como si le hubiesen dejado en silencio, ni las azafatas delgadas y elegantes, ni los pilotos del vuelo 042, ni la cajera de la cafetería que me acogió primero, nadie.
Salí de ahí a penas me fue posible, sólo con una maleta antigua y mi bolso de cuero café... Un taxista al fin me miró con rostro inexpresivo ofreciendo llevarme a cualquier destino. Un papel con la dirección y un par de billetes le entregué. Debió parecerle bien, pues no hizo mayor problema y me condujo hasta aquella casa, que por más de veinte años fue mi hogar, y me habló cuando nos quedabamos solas... Casa de dos pisos, jardín pequeño, una escalera de doce peldaños y en ese entonces, llena de vida...
¿¡Qué hiciste!? me regañaba la voz en off de la película de mi vida... poniéndome los pelos de punta... Tanto tiempo te fuiste... ¿Era necesario?
Trataba de consolarme repitiendo la frase que algún día mi padre me decía 'yo solo te guío, pero tú tienes que aprender a vivir, hacerte cargo de tu propia vida... Jamás podré vivirla por ti...'
Sin darme cuenta, sumergida entre esos amargos delirios, apareció lo que algún día fue mi hogar dulce hogar por esa ventana de taxi...
-¿Es aquí? -trató de confirmar el hombre de pelo canoso y mirada sincera... A lo que respondí con un portazo sin ni siquiera darme cuenta...
Ahí estaba... Toda una vida de sacrificios, triunfos y fracasos... Todo resumido en cuatro paredes, llenas de recuerdos... Un mar de recuerdos que estaba a punto de ahogarme sin querer...
Abrí la puerta... Desde afuera cinco niños me miraban asustados, temiendo por mi, por que estaba a puertas de entrar a 'la casa abandonada'... Yo solo traté de sonreir, pero mis mejillas estaban adormecidas...
Pasé.Trataba de consolarme repitiendo la frase que algún día mi padre me decía 'yo solo te guío, pero tú tienes que aprender a vivir, hacerte cargo de tu propia vida... Jamás podré vivirla por ti...'
Sin darme cuenta, sumergida entre esos amargos delirios, apareció lo que algún día fue mi hogar dulce hogar por esa ventana de taxi...
-¿Es aquí? -trató de confirmar el hombre de pelo canoso y mirada sincera... A lo que respondí con un portazo sin ni siquiera darme cuenta...
Ahí estaba... Toda una vida de sacrificios, triunfos y fracasos... Todo resumido en cuatro paredes, llenas de recuerdos... Un mar de recuerdos que estaba a punto de ahogarme sin querer...
Abrí la puerta... Desde afuera cinco niños me miraban asustados, temiendo por mi, por que estaba a puertas de entrar a 'la casa abandonada'... Yo solo traté de sonreir, pero mis mejillas estaban adormecidas...
La mesa rectangular estaba tal cual, tal y como me despedí de ella la última vez.
El ficus de la esquina, sin vida estaba. En medio de telarañas, polvo, y miles de cosas, cual de todas más extrañas...
Traté de no observar tan detalladamente...
El mueble aún tenía esos cuadros, con fotos bien cuidadas, recuerdos que al tomarlos entre mis manos, temblaban sin que pudiera evitarlo...
Continué... La cocina y sus paredes rosadas me saludaban como siempre, como si esos años no hubiesen pasado, como si sintieran mi aroma... Como si reconocieran al fin, a un integrante de la familia...
Los libros, la mesita del descanso, sorprendentemente, estaba todo. Lo peor, era que estaba tal y como lo había visto la última vez...
Me detuve frente a la escalera. No quería, y mis piernas temblaban. Sabía que recién vendría lo peor...
subí lentamente... De pronto me encontré con el cuadro que pasaba más tiempo en el suelo, ese que mamá trataba de reubicar una y otra vez...
Mi pieza. Nuestra pieza. La que por muchos años, muchos... Nos escuchaba reír a carcajadas a mi hermana y a mi...
Qué irónica es la vida... Y nosotras que siempre intentamos separarnos, para obtener cada una 'su pieza sola'... no hubiese sido lo mismo ahora... Y no pude más...
Aún los ecos de nuestras voces infantiles rodeaban cada pared... Hacían vibrar hasta el más mínimo recoveco de lo que algún día fue el único lugar donde quería estar. el mejor, el más cálido y vivo...
Dejé un par de cosas en el último peldaño de la escalera, inspiré lo que más pude -algo masoquista- y recordé, tal y como había pensado, con ese dolor que te desgarra el alma, sin poder moverme un centímetro, me recosté en mi cama... Y lo único que recuerdo era el escucharme llorar y llorar...
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