Abstinencia de la conciencia

Me duele el corazón.

Debe ser por el pañuelo que rodea mis costillas, con firmeza. Un simple adorno de vestimenta, sí. A eso te acabo de reducir.

El viento entra, justo donde estoy, en medio de los pensamientos menos indicados para ese momento. No los manejo, y nada pude hacer entonces.
Mi espalda está fría ahora... El mejor plan de esa corriente era hacerme desaparecer por un momento de ese lugar, lográndolo fácilmente.
Mis manos estaban una sobre la otra, apoyadas en el escritorio de madera; mi cabeza descansaba sobre ellas, con un parlante a cinco centímetros de cada oreja. Mi cuerpo retumba sobre la silla giratoria...
La cámara fotográfica está junto a mi, queriendo llamar mi atención para llevarme hacia el pasado en cuestión de segundos.
Me pica una mano, quien sabe si algún significado existirá para eso. No me importa.
Hay un libro que me observa, me llama, me grita, clama por un poco de mi atención. 'Más tarde' le digo... Sabiendo que sí me escucha.
Hay un objeto especial, que me teletransporta lejos, muy lejos de aquí, y me abraza, como si yo fuese su debilidad.
Detrás mío, hay un instrumento musical, que no pidió permiso: sólo se limitó a decirme un par de verdades con su letal musicalidad. Le entiendo, sé la impotencia que debe sentir al verme llorar, sin nada a su alcance por hacer; Lo observo con cariño, interpreto un par de canciones que aprendí solo con mi buen canal auditivo, no es nada espectacular, pero al menos ambos sonreímos otra vez.
A mi izquierda hay una hoja de papel, en el suelo. No sé como llegó ahí... Pero creo que fue parte del plan también; no me di cuenta cuando ya no me quedaban espacios en blanco para poder expresar, se había acabado el espacio. Vacié todo. Ahora solo faltaba llevarlo a algún lugar y guardarlo. Para tenerlo siempre y cuando lo necesitase. Lo dudo. No eran buenas cosas las que allí expresé. En fin...
Mi perro me mira con esos ojitos de tristeza que siempre ha tenido. Me provoca ternura, mirarle, escucharle gemir sin motivos. Quejandose de lleno, que ironía. Un par de palmadas en su cabeza en señal de cariño y ya está.
Debe sentirse tan solo como yo.
De pronto al girar, me encuentro con ese dibujo. Uno que comencé en clase de arte, mientras explicaban no sé qué. Ese dibujo que tanto me decía en medio de esos días grises del invierno pasado. Ese dibujo que tanto me permitió soñar...
¡Pasado! grité tratando de calmar mi absurda melancolía.
El teléfono comenzó a sonar... Me incomoda su ruido, pero no contesté. Sabía que podría ser él, y no quería retroceder todo lo que había tratado de correr, muy lento.



Qué más da. Sólo estoy bajo el agua, meditando, conteniendo la respiración a ver si puedo morir solo un poco...

Pero si es idéntica a papá

Siempre le mencionaban lo mucho que desde pequeña, se parecía a su padre. No solo en apariencia, si no que también en gestos y expresiones faciales; a lo que ella solo asentía con un dejo de orgullo en la mirada -siempre le gustó oír eso-...
Cuanto más y más crecía, más comunes los comentarios se hacían... Le gustaba, casi siempre. Le agradaba oír a la señora de melena rubia que vende ropa americana y que es amiga de mamá decir una y otra vez cuando visitábamos su casa: 'es idéntica al papá'; aunque solo, y exclusivamente sólo cuando no recordaba la peor parte de su personalidad -que no era mucho, pero lo suficiente como para decir 'un gran defecto'-.

Aún recordaba, nítidamente recostada en esa amaca paraguaya, con unos tímidos rayitos de sol acariciándola, cómo él le había hablado el día de su graduación...

-¿Sabes hija?... siento que haz heredado lo mejor de mi... Y en ti veo las esperanzas que yo tenía cuando era joven, por que no tuve oportunidades, ya sabes... Lo típico... Falta de dinero, distracciones estúpidas que hoy me cuestan mi tiempo, y que sin querer, sin poder evitarlo me alejan más y más de mi familia... -comenzó enumerando las excusas que había tenido para no lograr sus metas, con un tono entre deprimido y resignado, Mientras que ella... Ella no respondió nada. Solo lloró apoyada en su hombro un poco... Por la emoción, supongo.-

Se mecía aún más rápido, recordando cuando le obsequió un regalo, uno muy especial; uno que representaba su niñez, la resumía, e incluso en cierto modo la guardaba dentro de un sobre y la sellaba con inmenso cuidado y dulzura...
Una muñeca. Una muñeca le regaló. Pero no cualquiera... No.

'en tus manos, tienes a una muñeca; debo ser sincero... quizás sea la última que te regalaré... Es la Cenicienta... Por que es como tú... Lucha por sus sueños, y al final recibe su recompenza... Y se convierte en princesa... Era tu juguete favorito cuando pequeña, es por eso que hoy es tuya, por que hoy pasas a otra etapa, más difícil, sí. Pero quiero que me prometas, que si algún día discutimos fuerte, me busques... Te voy a estar esperando... No para que te disculpes, por ningún motivo... Solamente para abrazarte, y recordarte lo todo que eres para mi...
Te ama, papá'

Sus ojos estaban húmedos. Se había emocionado al recordarla, otra vez.

Quince años había demorado en expresarle su molestia por entrometerlas, a ella y a su hermana en los problemas que él tenía con su esposa. Por que no era sólo la mamá de su hija, pero parece que a él se le olvidaba ese pequeño detalle de vez en cuando... Y al fin, cuando lo logró, el no hizo más que admirarla con ojos completamente cristalinos... No lo expresó con palabras... Pero sí: estaba orgulloso.

-Cuando te vi, cuando naciste... -suspiró e hizo una pausa antes de continuar narrándole la historia más bonita de su vida- Oh, aquél primer día... No quería que nadie más entrara a esa blanca sala de hospital... No quería que ni tus tías se aparecieran... Me agradan, siempre me han agradado... Pero lo que sentí en ese momento, no quería que acabara jamás... El verte, ahí... Tan pequeñita... Dependiendo en un ciento por ciento de mi... Realmente se me erizaba la piel... Porque antes de ti, no sabía quien era... Hacia donde iba... No tenía idea de nada; ni direcciones, ni algún motivo por el cual luchar... Y de pronto... De pronto estabas con tu pequeña cabecita en la palma de mi mano derecha, y tus piecesitos al terminar mi ante brazo. Sabía que aquél pantalón que acababas de entregarme me quedaba grande, muy grande... Pero siempre tuve la esperanza de poder amoldarme para poder ser digno de utilizarlo... Para ser digno de escuchar de tus labios decirme 'papá'...



Al terminar ambos se quedaron mudos por un par de minutos... Sus miradas se cruzaban, queriendo decirse un sin fin de cosas... Pero bueno, hay veces en las cuales el silencio dice mucho más... Y ése, era el mejor ejemplo...

Su figura seguía recostada en la amaca desteñida por el sol que hace unos días la había visitado, su mirada brillosa como había permanecido desde muy pequeña, perdida entre sus sueños, pensamientos y recuerdos... Como los de aquélla tarde... Sin duda alguna.


Un loco aturdido

Cuando sin querer entras en un lugar, donde tal vez sí eres aceptada, pero te sientes incómoda, por que no eres en un cien por ciento como el resto... Es extraño... Por que de pronto puedes estar perfecto, y a la vez con el temor de ser deborada por esas personalidades que te persiguen sin motivo.
Formas tan diversas de pensar... Pero a la vez tan iguales; como si remaran en un mismo sentido, con el mismo objetivo pero cada uno a su manera. Está bien. Pero no sé, es como si yo no remara hacia allá... Es como si remara intentando encontrar otro camino... O hacer uno, aunque no sé... Quizás me resultaría, difícilmente rápido.
Leyendo encuestas, unos cuantos bloggers, etc... Me puse a pensar como loca. Normal. Bueno... Eso hago la mayor parte del tiempo, complementado con la vida diaria... Pensar, ahogarme y flotar entre mis pensamientos es mi hobbie. Inconscientemente desde siempre.
Es como si algo más allá de mi voluntad me mantuviera todo el tiempo pendiente de algo/alguien... A veces favorece, a veces no, creo.
A veces pienso en ese lugar que te atrapa, en el que mencioné al principio, y me da un poco de miedo... La palabra 'atrapar' me da miedo... Me suena a sin libertad; eso es lo que me da temor; es como si el mar se secara, o el cielo se cayera sobre mí.
Aunque cabe la posibilidad, de que ese mismo lugar, sea lo más maravilloso del mundo, donde te sientas segura de estar allí, donde te sientas querida, aceptada y cómoda...
A veces pienso en qué sería peor... Lo primero o lo segundo...
A veces pienso que no debería pensar tanto, y lo hago. Pero la costumbre me gana...
A veces sólo me gustaría tomar mi bolso de mezclilla y correr, correr y correr hasta llegar a un lugar en donde nadie haya estado nunca, con mis piernas medias adormecidas, una sed infernal y unas ganas intensas de llorar...




Finalmente, al leer la incoherencia que acabo de escribir; me doy cuenta que el pensar, no siempre va de la mano con la sensatez...

Mirada brillante, comienzo extraño-especial

Salió de ahí, en silencio... Silencio que la acompañaría en su desesperada escapatoria...
Corrió, corrió lo que más pudo por que quería escapar de esa realidad, sabía que sólo dependía de ella, solo dependía de ella el ser feliz; Sentía que debía vivir mucho más, por que hasta el momento, solo había olido el maravilloso sabor que podría entregarle la vida...
Se recostó en el pasto suavemente, y sintió ese aroma delicado del bosque, los eucaliptos, y todo lo que en ese momento, representaba en esencia lo que realmente ella necesitaba...
Observaba el cielo que era enmarcado por unos árboles muy altos... Y apreciaba como el cálido sol se despedía de ella, suavemente...



Sintió una presencia que la hizo sonreír, pero fue un secreto... Ya que aún sin verlo, le expresaba confianza, y un cariño tan dulce como un algodón de azúcar...
Los árboles estaban muy altos.. y los troncos viejos imitaban las melodías de violines de orquesta... Una melodía misteriosa, infantil, traviesa, tierna...
Ella se escondía, se escondía esperando ser encontrada.. sabía que alguien andaba por ahí, y ella solo quería jugar... Entonces: lo vio, aunque sin mostrarse ante él, tal y como esos animalitos que le temen a los seres humanos que se acercan, y se cubren con las hojas de un sauce llorón...

'Mirada brillante, no tengas vergüenza de mirarme,
Hazlo y sentirás la felicidad que ahora siento...
Mirada brillante, no temas por algo que sabes que es realidad,
Abrazame, y el frío se apoderará cálidamente de nosotros...'

Le susurró casi al borde del silencio... Pero ella escuchó todo, perfecto; lo que la impulsó a dejar el juego, y acercarse a él... Su mirada se internó en aquellos ojos y le sonrió, nuevamente...

Creo que eso vendría siendo sólo el comienzo de algo potencialmente especial...


Lo sabían, lo sentían... No había necesidad de decirlo...




Muñeca silenciosa

A Ignacio nunca lo habían regañado en serio, hasta ese día... Ese día que había elegido para hacer, lo que hasta el momento sería su peor travesura.
Su mamá no le dijo 'te quiero' en todo el día... Y él se daba por aludido: lo que había hecho estaba muy mal.
En tanto su papá, seguía leyendo ese libro 'que tanto aporta a la vida de un hombre importante'... Sin embargo la mirada de reojo que le daba, le expresaba una desepción que a esa edad, era enorme.

Ignacio entiende, entiende que sus padres lo quieren, pero que deben ser así para que un niño de ocho añitos aprenda; pero de todos modos, mira hacia el suelo, sintiendo tristeza...

Entra a la habitación de su hermana Cristina, que tiene dos años más que él, y observa en la cama de la niña, una muñeca... Una muñeca de trapos, con vestido anaranjado y puntos cafés, delantal blanco y pequitas; todo muy delicado... Sentía que no podría tocarla con sus manos llenas de tierra luego de sumergirse en sus juegos infantiles...
La observó. La observó durante mucho tiempo, sintiendo cómo ella lo hacía también, aunque... nadie le creería, aunque nadie lo sabría algún día (porque observar detenidamente a una muñeca, era como conversar, como jugar con ellas)... Sin embargo...
Sus mejillas sonrojadas, su sonrisa inocente, imborrable... Le daba confianza...
Y sin darse cuenta, con su dedo índice, la tocó suavemente...

Sus ojos se iluminaron exaltados por lo que presenciaban... Aquélla figura de género, estaba ahí, mirándolo fijamente, y sonriendo... él sentía como su vista se clavaba sobre la suya; sentía como esa tímida sonrisa era parte de su bella niñez; sentía como él, al estar solo en esa habitación, en ese momento podía estar solo pero a la vez junto a ella. Por que ella también estaba sola, entonces compartían soledad.

-No estés triste Ignacio, y no te avergüences por estar oyendome...
-¿Qué? T... Tú me hablas, ¿A mi?
-Tu soldadito me contó lo que habías hecho; tienes que aprender nada más, y seguir haciendo travesuras... Aún eres niño, pequeño y alegre, colorido.
-¿Cómo puedes hablarme?
-No te estoy hablando... Pero tú estás escuchándome...
-¿Puedo darte un abrazo? pero a escondidas, {por que soy niño}... -dijo susurrando la última frase...
-Jajaja, claro... Puedes.


En ese momento, muñeca creció, creció dentro de su imaginación haciendo estallar una luz que inundó su interior, y el del pequeño...

Y luego de su abrazo, le dio un beso silencioso...



{Porque él es niño}

Susurros... y un encuentro extraño-especial

Muñeca caminaba y hacía equilibrio en medio del parque... Observaba, pero nada encontraba...
Luego, sentada bajo un árbol estaba... Un árbol gigante, que sobrepasaba las nubes...
Esperaba. No sabía muy bien qué, pero esperaba entre melodías que solo ella podría oír...
Y repentinamente... Se encontró en el horizonte, con la figura de alguien, alguien que llamó su atención...
Un mimo. Un mimo que le sonrió tiernamente...



Comenzaron su camino... Solo se dirigían a cualquier lugar... Felices de estar ahí, en ese momento...
Dialogaban, dialogaban de todo, y luego guardaban silencio, silencio que ocupaban para decirse otras cosas que con palabras no podrían ser expresadas...

Hubieron muchos destinos... Muchos. Cada uno, con su esencia extraña-especial... Pero el último... El último es poco-descriptible... Nadie entendería, nadie.
Sólo Mimo y Muñeca...
Entre estrellas, que rumoreaban lo que veían unas con otras, ayudadas por la pequeña estrella mensajera que les entregaba información, entre árboles muy altos, entre secretos universales estaban... Susurrándose, muy bajito...

Respiración en su oído, suspiros entre su cuello, un gran abrazo. El mejor de la vida...




Disculpe usted, lo demás es indescriptible.

En presencia de un girasol (o dos)

No sé que estoy haciendo, por que mi mente
está divagando, nuevamente
y mi corazón se acelera, de manera extraña
como yo, como algo que viene a visitarme,
sin rostro, solo sabiendo que existe,
sin saber el cómo, el dónde, sin esas tontas preguntas
que llaman a la razón, que destruyen todo,
que invitan al miedo, por 'no correr riesgos',
y nos apagan, y me apagarían... pero creeme
yo no soy así, ahora es diferente,
cosas extrañas, reacciones extrañas
sí, y no me da miedo, ya no
confío, creo, por que se siente,
se siente como los rayos del sol en la piel,
como el dolor de estómago después de un ataque de risa,
como el calor que sube por las mejillas de alguien sonrojado,
simplemente,
y, aunque me da vergüenza,
porque jamás lo confesaría,
jamás diría que en estos momentos quiero conversar contigo,
y en medio del diálogo, besarte,
o más aún,
mi personalidad, no sería capaz,
de asumir un sueño, que acabo de imaginar,
caminar a eso de las siete de la mañana,
cuando el sol está recién saliendo,
cuando no hace calor,
en medio de un jardín de girasoles,
correr, jugando, y quedarnos,
tirarnos en medio de esos danzarines multicolores
que explotan con vida propia
y secretos, que solo con nosotros se quedarían...



{siempre}

Maité y su Hada

Yo daba un paseo, como siempre... Como siempre cuando salgo en las noches a mirar el cielo, descansando, un cielo silencioso y seductor, que intenta decirme cosas que aún no entiendo...
Mis alas brillaban, algo diferente había, ¿y yo? yo aún no sabía que era...
De pronto sentí una voz que murmuraba, que hablaba con su conciencia, y me causó gracia... Pero luego, al escuchar más detenidamente, sentí como la impotencia y la tristeza estaban envolviendo a esa persona que se escondía bajo un sauce llorón, como su alma... -aunque su alma se negaba a expresarlo con libertad...-


-¿Te pasa algo? -le pregunté a la figura que la luz de la Luna dibujaba con cuidado...-
-Sí, estoy muy triste... Ayudame... -Lo último no me lo expresó con su voz, pero su lenguaje corporal y su mirada me lo gritaron...-
-¿Necesitas que te lleve a alguna parte?
-Sí, por favor... Estoy perdida, muy perdida... -me decía muy, muy bajito...-

Era una niña. Una niña de unos trece años... Con su pelo negro brillante, sus ojos oscuros, casi como el firmamento mismo, con una mirada de mujer, intensa, capaces de hipnotizar a cualquier persona que la mirara de frente... Su nariz era delicada, muy delicada... Su sonrisa no estaba. Era una niña, que avanzaba casi como en una maratón para convertirse en mujer.
Usaba un chaleco a rayas delgadas, se delineaba los ojos con un lápiz negro. Su partidura estaba al medio. La observé mucho rato... Ella no, ella optó por clavar su mirada al suelo...

-¿Dónde están tus padres? -reiteré sin importar su evidente actitud defensiva-
-No sé, por ahí... -respondió sin ganas...-
-¿Pero cómo, no andas con ellos? -me extrañé-
-Debería...

Con cada palabra más me desorientaba a mi.

-Mis padres están. Yo no sé dónde. Discuto mucho con ellos, ellos no me entienden... Sé que sonará 'común', pero a mi no me escuchan, ni siquiera por la forma que tengo de vestir deducen que estoy triste, que estoy mal... -dijo al fin, expresando sus emociones súbitamente...-

Sabía que no estaba perdida... O tal vez sí, pero no su cuerpo...

-¿Y tu no les dices nada de esto a ellos? -tratando de saber un poco más le pregunté-
-He tratado, pero no puedo... Siempre que lo intento, fallo y lloro. No puedo...
-¿Y escribiendo?
-Nunca lo había pensado... -articuló luego de meditar mi pregunta/sugerencia-
-Ellos tienen que saber que son sólo tus guias aquí en la tierra... Pero es tú vida. Ellos no pueden vivirla por ti. Ellos no saben como sientes, cuales son tus 'formas de medir el dolor, o la tristeza'...
-Mi papá tiene miedo, tiene miedo a que cometa sus errores...
-Ese es su error, su problema...
-Pero yo no puedo cambiarlos...
-Pero puedes cambiar tú. Es maravilloso soñar, ¿Te gusta soñar?
-Sí, y escribir y leer... Pero cuando escribo, siento e imagino todo lo que redacto, eso es lo malo...
-¿Qué? No, ¡cómo dices eso!... Eso es lo mas mágico de escribir, el poder imaginar y sentir todo lo que tu corazón dice...
-A veces prefiero guardar en mi corazón todos esos sueños, toda esa fantasía; así podré vivir tranquila con mis padres, sin que ellos me regañen siempre...
-No digas eso pequeña, no. No seas igual que ellos, aprende de sus errores, sé mejor. Tienes la libertad de vivir a conciencia con lo que sientes... Con lo que sueñas... Podrán enseñarte a vivir, pero no vivir por ti. No sentir por ti. No expresarse por ti... Ya te dije... -le reiteré ahora con más énfasis en cada 'no'-
-¿Quién eres? -curioseó luego de darse cuenta de sus confesiones a una total extraña-
-Yo... Yo soy un poco de lo que tu eres, yo fui mucho de lo que tu eres... Por eso te expreso lo que ahora escuchas... Por eso trato de que vuelvas a casa, sana y salva.
-Muchas gracias...
-No, no agradezcas, solo haz lo mismo cuando encuentres a alguien bajo un sauce llorón, que no tenga la capacidad de decidirse a soñar...
-Te lo prometo hada.
-¿Hada?
-Las hadas llegan de pronto, sin que uno las espere ¿O no?
-Bueno, entonces soy un hada.
-¿Sabes como volver ahora? -inquirí suavemente, casi susurrando-
-Sí, creo que si...
-¿Cuál es tu nombre? -quise averiguar al terminar nuestro íntimo diálogo...-
-Maité... -contestó sonriendo-
-Adiós Maité -dije luego de sorprenderme con ese imprevisto obsequio...-
-Adiós Hada... Te quiero...
-Siempre.

Rescátame

Su garganta ya no daba más, es pequeña. No tiene una gran capacidad, y no debería...
El ambiente era denso, en cualquier momento los aplastaría. A Fiorella y a ellos, que estaban en la sala sin saber que la pequeña los observaba, asustada.
Su respiración se agitaba... Se agitaba en demasía, y su corazón iba a estallar en cualquier momento, en mil pedazos... Mil pedazos invisibles, que no se podrían reparar con nada.
Sus ojitos cristalinos pedían ayuda... Pero a nadie, nadie la escucharía...
Siempre fue su mayor temor, el oír la palabra 'separación' entre sus padres... Pero en ese momento, ella misma era quien lo clamaba desesperada... Ya harta de todo, queriendo gritarles que por favor dejaran de hacerse daño.
Él hace que su autoestima se entierre a si misma, a mil pies bajo tierra... En tanto ella...
Ella lo único que hace, es alejarlo más y más... Con su inseguridad y su falsa estabilidad emocional.

La pequeña Fiorella escucha todo, todo. Y ya no sabe como reaccionar...
Ni las expresiones de cariño hacia su madre, ni las miradas 'que lo dicen todo' hacia su padre serían suficientes...
El hielo está muy férreo, ya no hay fragilidad, ni en los recovecos de 'ese hogar', ni en el rostro de la niña...
Hacen que su alrededor se vuelva frío y calculador, insensible... Como está en estos momentos Fiorella, sin derramar una sola lágrima por el futuro huracán que parece acercarse más y más, con cada desprecio, con cada silencio de ellos... Que día a día fingen, fingen calor de algo que suele verse como un hogar.

Fiorella corre a su habitación, ya no quiere oír más... No quiere cometer ese mismo error, no quiere contagiarse con toda esa mierda que se pega tan fácilmente... Prefiere ir, y abrazar a Isabel... Ella, su dulce Isabel, es quien recibe esos besos y esos abrazos fraternales, que en algún momento Fiorella, a sus padres, intentó darles...
Pero ellos al parecer no se dieron cuenta...

El bastón de mi tata

Sacudí mi vestido púrpura, y cerré mis ojos -como lo hago cuando trato de oír mi corazón...- pero nada escuché.
De pronto me encontré sola, en medio de un bosque que no solo a mi me pertenece, sin embargo no hay nadie más. Pero no me desespero... Antes sí.
Ahora solo intento disfrutar de una necesaria soledad. Tanto tiempo...
Sin querer, tropiezo con un bastón, con una peluca azul y un corazón de mazapán; no entendí, y aún sigo sin entender de donde venían... Pero sí supongo que el mensaje no era indescifrable:

'no sos la única que ha pasado por esto antes'...
'no estarás aquí por siempre'...
'Nada es para siempre',
'descansa',
'disfruta esto, que pronto acaba'...
'vive, que para eso viniste hasta acá'...
Tantas cosas... Tantos mensajes que necesitaba, pero no quería escuchar... Quería seguir durmiendo... Aún sin soñar...
¡Qué estoy diciendo... cómo!
Me estoy acostumbrando, oh no... me estoy resignando...

'Aunque no tengas pies... ¡Corre!
Si no tienes voz, ¡grita!'

El viento no me dejaba en paz... Me regañaba desesperado...
Sabía... Sabía que en mi, había algo que se conformaba, que se había acostumbrado... ¡Como mi abuelo!
Mi tatita... que sin saber cómo, o en qué momento había llegado hasta mi, y tomó el bastón que estaba a mis pies, sonriéndome...

Él se conforma con sentirse 'más o menos', con ver 'más o menos'... Por que tiene miedo... Tiene miedo a enfermarse, y a quedarse solo... ¡Para mi es absurdo! Pero para él no... Para mi tata no... Realmente, le atemoriza el 'pagar' por cosas que se escribieron en el hielo, y se derritieron bajo el sol.

Es lo mismo...
Yo estoy aprendiendo de él, aprendiendo a conformarme... A creer que el estar bien, es 'sentirse más o menos'... ¿¡Porqué!?
No. No sé... O no quiero decirlo.
Sí, es eso...
Pero no quiero decirlo...


-¿Qué? Qué no quieres decir? -me dijo mi mamá de repente...
-¿Ah?

Me despertó. Y no pude decirlo... Pero entendí que el ejemplo está frente a mis ojos, siempre.






Fingió para poder expresar...


Llamé por teléfono a Rafael, quería conversar, no estaba triste ni nada... Por primera vez lo llamaba sin la intención de 'desahogarme', pero me equivoqué de número... Me contestó un desconocido; una voz temblorosa, débil...

-¿Rafael? -pregunté para verificar...-
-No...
-Pero... ¿Quién es?
-De seguro estás equivocada, y marcaste mal... -articulaba a penas un joven...-
-Disculpa... ¿Estás bien?

Silencio.
Percibía sus fallidos intentos por expresarse, su respiración lenta, como si estuviera muriendo lentamente...

-¿Sabes? Siempre me decepcionó muy fácil de la gente... Me cuesta mucho expresarme... Desde que tengo memoria, nunca lo hago a viva voz...
-¿Es por eso que lloras?
-Rabia... Tristeza...
-Pero... ¿Contra quién?
-Contra mi. Por no saber expresarme...
-Bueno... Eso es como aprender a caminar... Uno no nace sabiendo expresarse bien... Con la completa capacidad para decir lo que siente...
-Un bebé expresa alegría cuando sonríe, incomodidad cuando llora... ¡Yo no puedo! y estoy perdiendo a quien más anhelo por eso...
-No sé que decir... Pero ¿Ni siquiera con gestos?
-Tal vez... Pero en ese sentido, creo que ella es muy... ciega al no verlos...
-Entonces no todo es tu culpa...
-He tratado, sí, quizás... Pero no ha servido de nada... ¡De nada!
-Entonces es por que no lo haz tratado todo...
-¿Cómo?
-Mira... Como dice Carlos Cuauhtemoc: en la vida hay dos cosas... Excusas y resultados... Lamentarte, son sólo excusas para justificar los resultados.
-¿Y qué debería hacer?
-¿Le haz dicho a la cara lo que sientes?
-(...) Me haces sentir como un idiota... -respondía sintiéndose ridículo al confirmar lo que decía-
-No lo haz hecho... Por eso, por que ella no es adivina tampoco... Y la soledad tal vez la atormenta tanto como a ti el amor y la pasión por ella...
-Pero si se siente sola, porqué no me busca... Yo soy muy bueno escuchándola...
-Tú la conoces mejor que yo...
-Pero tu eres mujer...
-Bueno, tal vez piensa que tú no estas interesado en ella... Quizás tu lenguaje corporal es mudo, como el mío...
-Lenguaje corporal... -repitió como analizando lo que tenía que hacer...-
-Sí, pero si no te nace expresarlo, tal vez deberías olvidarlo...
-No.
-¿Entonces?
-Entonces me armo de valor... y... y se lo diré...
-Me parece muy bien -dije con un tono de satisfacción, como si él pudiera ver mi rostro alegre por su voz y sus palabras, que desde hace un rato habían dejado de titubear...-
-Disculpa, ¿Cómo te llamas? -preguntó cordialmente irónico luego de una conversación de dos grandes amigos-
-Jajajá, me llaman Fiorella, ¿Y tú?
-(...)

Entendí todo: El grado de confianza de esos dos desconocidos, era una torpe coincidencia...Y su sonrisa, ¡cómo fui tan tonta! Todo se me hacía tan familiar... Pero nunca lo había escuchado hablar después de llorar... No reconocí su voz...

Por que al oírme preguntar ¿Y tú? había colgado el teléfono, como si hubiese escuchado algo que lo erizó por completo...
Lenguaje corporal mudo... Nunca expresaba mucho lo que sentía...
Escuchándola... Escuchándome...
Rafael.
Rafael prefería mentir respondiendo 'sí, estoy bien', antes de 'deprimir' a los demás con sus problemas... Como yo soné como una 'desconocida', se desahogó al fin...
Cuando pregunté por él, dijo que no, que no era él... Pero cortó la llamada abruptamente cuando reconoció mi nombre... O quizás siempre lo supo, y fingió no saberlo, para al fin decirme... Pero al final... Resultó como si se hubiese arrepentido de hacerlo (muy probable)...
Su manera de ser... Siempre tan tímido e invisible...

Oh Rafael... Porqué...

Comienzas buscando, y terminan encontrandote...


¿Sabes?
Ya no necesito ayuda... ahora estoy bien así...
Es como si hubiese corrido por mucho tiempo, muy rápido... para encontrar algo que esta escondido para mi. Y yo no quería, pero terminé por rendirme... Por que en la búsqueda perdí la esencia, se me fueron detalles, sorpresas... Todo por intentar ver algo que escapa de mi. No sé, tal vez yo atraigo esas cosas, atraigo lo invisible, como dice un libro: 'cada persona, por su modelo mental, atrae a un cierto tipo de personas'... No sé, a veces me convenzo de que es real, de que pasa. Pero otras... Otras veces solo ocupo la palabra que desde hace un tiempo se apodera de mi vocabulario: No sé -yo creo saber ese motivo, pero no viene al tema-.

De tanto correr, y buscar, y buscar... Algo encontré. No era precisamente el objetivo, es algo inesperado...
Aunque... Técnicamente lo correcto sería decir: me encontró...
Sorpresivo, nuevo.
Me encontró. Lo encontré. Nos encontramos; pero no frente a frente.

Se reflejó en una estrella, y lo ví. Mientras que en una estrella, él me halló...
Fue como un eclipse, un eclipse superlativo.

-Shhhhht... Shhhht... -hacía, para que guardaramos silencio...-
-¿Pasa algo? -respondí murmurando-
-Si, pero es un secreto -terminó y esbozó una sonrisa desde el otro lado del cielo...-

Sí, un eclipse dije para mí...

Reconocimiento tardío.

Frambuesa... Aún tengo ese sabor en mi lengua; y no sé porqué dicen que 'cuando el sabor de la boca es dulce, es por que uno está alegre y viceversa' já... Mi boca en estos momentos sabe a berries, y no estoy alegre.
Tampoco estoy triste.
Tengo un poco de rabia.
Rabia por algo que pasó hace más de un mes, pero no entiendo, por que en el momento, no sentí nada más que vergüenza... Hoy, hoy no. Ahora llegó ese sentimiento que se había escondido quizás donde...

-Hagan una descripción psicológica y física de ustedes chicos...
-Un retrato.
-Sí señorita, un retrato...

Me agradaba la idea de expresar como soy, como 'me observo'... Pero...

-Profe, ¿puedo expresarlo en tercera persona?
-¿Porqué señorita Domínguez?
-Fluyen más las emociones. Me cuesta mucho menos así. ¿Puedo?
-Bueno, con tal de retratar lo que usted 've'

Comencé.
Llené una plana completa, y es que aún quedaban otras actividades y descripciones por hacer... Me gustó mucho como quedó mi 'autorretrato'.
Terminé todas las actividades, y entregue mi trabajo.
Muchos días pasaron, y el muy tarado, sentado frente a mi, con dos compañeros más al rededor, me entregó la tarea, revisada.
Yo la estaba re-leyendo, y me la quitó -ya estaba acostumbrada a eso, había confianza, entonces sólo sonreí, tomando eso como lo que era, una broma- la comenzó a leer en voz alta... Leyó la primera parte de mi 'autorretrato'...

Ella es Alta, delgada. Su mirada es tímida y confiada... Usa chasquilla y frenillos...

En fin, leyó aproximadamente siete líneas... siete líneas que decían mucho de mi. Mucho de 'ella'.

-Alto. No tiene que hacer eso...
-Pero Francisca... qué es eso de 'mirada tímida y confiada' -decía el profesor, riéndose con esa puta mirada tan burlesca-
-bueno... es lo que yo veo de mi; usted, profesor... debería saber y entender la literatura, y no reírse de ella.
-'ella' -seguía riéndose... como si mi expresión facial no dijera 'pare, me da vergüenza. no me moleste más, viejo idiota'-
-Yo. Así me veo yo.
-bien, jajaja, si nadie le dice nada...

Yo le quité mi trabajo, tomé mi bolso, mi chaleco y me fui al comedor... Llena de una mezcla entre pena y vergüenza... 'Qué se cree' pensaba, y a veces murmuraba, como si la señora del almuerzo fuera a decirme 'huy si este caballero siempre hace lo mismo'... o lo que fuera -siempre ha sido copuchenta, pero esta vez no, por suerte-... Entonces llegué a la mesa, me senté por ahí y llegó mi amiga...

-Uf, qué te pasa... ¿Porqué esa cara?
-Nada. No me pasa na-da. -respondí de super mala forma, con una expresión que mi amiga descifraba mejor que yo misma...-
-Ok, ok. Te dejo sola mejor...

Uno: Un nada puede destruir muchas cosas, pero una expresión, muchas más.
Dos: Ese 'nada', hay que decírselo a un desconocido, por que si se lo dices como respuesta a una amiga, entenderá que en realidad es un: déjame sola por favor, que no me siento bien, y no quiero tratarte mal a ti.
Tres: Hay que saber distinguir cuando es tristeza, y cuando es ira.
Cuatro: Si no lo sabes distinguir, no te preocupes, tu amiga, la que escucha 'el nada', si lo logra diferenciar.
Cinco: Lo malo del punto cuatro, es que tu te das cuenta dos meses después...
Seis: Tarde te percatas del sentimiento real, pero lo escribes, y lo que a un principio era el descubrimiento, la rabia, ahora es sólo un puñado de letras que sacan el sabor de tu lengua, y te hacen sonreír. Recuerdos.

Un grabado en medio de la Luna...



'Comienzo sin saber qué haré, que diré, que trataré de expresar... La inocencia infantil me abraza, y con sólo eso me siento segura... Pero luego desaparece... No sé vivir el momento aún, aún no sé. Me cuesta, por que pienso demasiado. Y aunque no tengo miedo, ni temo arriesgarme, no sé que falla. Tal vez soy yo, o en mi interior, hay algo que se aferra con todas sus fuerzas al pasado, y es como las astillas que se clavan, y se niegan a salir; Y duele, pero no se ve... Canción que me provoca un escalofrío, un 'te quiero' que eriza mi piel como si me dieran un abrazo mientras estoy observando el cielo estrellado...
Viene el silencio, y me acompaña, como todo un caballero...
Mis almohadas quieren escucharme, pero no quiero hablarles, no a ellas.

Extraño a Guiosy, a Aphoplonia, quienes me acercaban a 'vivir el momento', al menos con ellos sentí lo más similar a vivir. Se los agradezco, infinitamente. Me hacen tan feliz...
Tan pequeña, tan pequeña soy ahora... Que cualquiera puede dañarme... Estoy vulnerable... Por lo mismo me trato de esconder, trato de ser invisible, y me cuesta, me cuesta mucho... pero lo logro al fin... '

Cuando concluí mi lectura, me acerqué a una señorita que escondía su rostro entre sus rodillas como si estuviera llorando, y que se encontraba justamente a unos metros del lugar que tenía esas palabras grabadas, como si alguien hubiese tomado una piedra, y de a poco había descargado toda una mochila de emociones en plena Luna, en medio del universo...

-¿estás bien?
-supongo.
-es fácil vivir el momento, se siente muy bien... mucho muy bien...
-por muy fácil que sea, yo no sé, no me resulta...
-si quieres yo te enseño...

Sólo me miró. No dijo nada, y comenzó a observar una lluvia de estrellas, de coloridas estrellas que desnudaban todos los secretos siderales... Yo... Yo solo la abracé; por su expresión de sorpresa, noté que no se lo esperaba.

Y ahí nos quedamos...
Aquí estamos aún...
Ahora...

No merezco tu corazón Clemente

-No. No te atreverías ¿verdad? -preguntó tratando de acercarse a ella...-
-Nunca me haz creído capaz de nada... ¡No te acerques! -le gritó con los ojos inyectados de rabia, de impotencia...-
-No se trata de eso Paulina, es que no puedes pensar en...
-¡En qué! Dílo... -susurró a penas como si su alma estuviera desgastada...-
-No... No lo hagas, te lo suplico...
-Iba a tener un hijo, pero la cobardía me ganó, no fui capaz de luchar por él. Me arrepiento, me arrepiento con toda el alma... -Dijo casi con un hilo de voz al pronunciar la última frase...-
-Cálmate, mírame... Estoy aquí, ahora... Contigo.

En ese momento, ella lo miró, con lágrimas en sus ojos... Llena de miedo, llena de angustia y una cobardía que la hacía a la vez muy valiente...

-Vámonos a casa... Vámonos de aquí... Olvida esta locura...
-La única locura, es seguir viviendo así. No me sostengas, por favor... No quiero estar acá, no lo merezco... No seas estúpido, no te humilles más.
-Sí mereces estar... Es una nueva oportunidad... Y sí, estúpido soy, muy. Pero no puedo evitarlo... Contigo así no.

Paulina, corrió por el puente, hasta llegar a la barandilla roja, y él no hizo más que mirarla, lleno de un pánico que lo inmovilizó por completo...
Lo único que vi, fue que él atinó, y la abrazó con tal energía, que ella no hizo nada para arrancar de sus brazos que rodeaban su cuerpo por completo... Sólo lloraba, desconsolada... Desconsolada...
Se notaba demasiado el incontrolable amor que el chico sentía por ella, pero ella parecía completamente indiferente a él, a eso... Se iba a quitar la vida, sin fijarse en Clemente, quien si pudiera darle su corazón, lo haría, incluso casi lo logra, pero no, su madre nunca, ni escucharlo hablar de 'eso' quería. El transplante jamás podría hacerse, 'por que no habrá permiso, y punto'... Nadie entendía que un joven de 17 años estuviera dispuesto a morir por alguien que tal vez, ni siquiera sabía que estaba ahí, en ese momento...

Almas silenciosas, un montón de posibilidades.

Fue por accidente, pero pasó.
Lo siento, pero no lo pude evitar...
Un torbellino, posibilidades... Mi alma es así,
Está así... Evadiendo obligaciones...
Saliéndose de los límites...
Todo lo que quiero es poder observar...
Se lo que sientes,
¿Crees que no lo he sentido?
Es como una emoción incontrolable...
Confusión tal vez...
Pero las almas bailan en la noche,
algunas son atrevidas... de manera perfecta...
otras, son silenciosas... Creo que la mía pertenece a este grupo...
Silenciosas, de esas que solo susurran... Tan bajo que nadie las escucha...
A no ser de que sea un alma simétrica...
Almas mágicas, bailarinas, que susurran, o que se callan...
Que observan, que se preocupan solo de ser...
O mejor dicho, no se pre-ocupan...
Espejismos que solo son parte de una venganza oculta...
De unas heridas que son incapaz de sanar por sí mismas...
Que necesitan ayuda...
Lo lamento cariño, yo no sirvo para eso...
O tal vez si, pero no me he dado cuenta...
O me falta práctica...
O simplemente -en el fondo- nunca lo quise.

Comenzamos desde el 2 de Enero...


Creí que comenzaría el año relatando algo mágico que sucedió la madrugada del uno de Enero, pero no. Voy a comenzar con la tarde del dos...

Isabel llegó hasta mi, en silencio, como queriendo decir algo... Se puso tras de mi, tomando helados, como si tratara de 'congelar las lágrimas que rodaban por su alma...'

-¿Qué te pasa? -inquirí con recelo, temiendo que ese volcán estallara en medio de mi nevada presencia...
-Nada... -respondió, con la mirada en el suelo.-

Era obvio, algo extraño se estaba maquinando en su corazón, estrujando su alma, deborando su felicidad...

-Recuerda que conversamos al desayuno... Y yo te dije, que comenzásemos el año con la verdad, para que al fin, podamos ser las amigas que desde un inicio debimos haber sido...-continué preguntando, ahora mirándola fijamente a sus ojos verdes, con un destello de luz, que en realidad solo eran lágrimas contenidas...-
-Es que... Es que tengo miedo Fiorella... Tengo miedo, hay dudas en mi, que no me dejan en paz... Pero dudas que no alcanzan si quiera a hacerme compañía... Me siento muy sola... Muy.

Entendí que no iba a ser fácil... Por su tono de voz, bajito, y sus cejas arqueadas que dejaban visible su inmensa melancolía... Ocuparíamos bastantes técnicas para poder desatar el nudo de su garganta... Había miedo, el mayor de los obstáculos cegadores... Había culpa, culpa que ridículamente la pequeña Isabel creía que le pertenecía... Había soledad... Todos con algo en común: impedir que ella descubriera el camino, y desnudara todo lo que le impidiera llegar a la felicidad...
-Tu eres fuerte sabes... Muy fuerte... Incluso más que papá... -dijo con lágrimas en sus mejillas, tratando de que nadie más que yo la oyera... Tratando de callarse, sabiendo que no podía guardar mas tiempo eso a voluntad... -
-¿Porqué lo dices? no creo ser más fuerte que papá... -continué extrañada por lo que me expresó... Sin embargo no pude evitar que mis ojos se humedecieran levemente...-
-Lo eres Fiorella, lo eres... Tu estás con un escudo, tratando de que ninguna bala toque a alguno de nosotros, de los integrantes de tu familia aquí, en plena guerra... Tu tratas de salvarnos... sin mirar si a ti te dañan... Tu eres fría, pero en el fondo, esas lágrimas que están aflorando desde lo más profundo de tu mirada, son lo que eres... Son parte de tus heridas... Son parte de ti también...- dijo dejándome atónita con esa explicación que jamás creí, me daría...-
-P... Pero... yo solo trato de que tú seas feliz... A ti todo te afecta princesa, y yo me doy cuenta de aquello... Entonces trato de 'pulir' tu alrededor, para que seas feliz... No quiero verte triste...
-Tienes que vivir tu vida Fiorella. Se libre, como en tus escritos lo expresas... Debes hacerlo.
-Pero... ¿Y tú?
-hazlo por mi...
-Isabel... Tu eres muy fuerte también...
-Yo solo trato de seguir tu ejemplo...
-No digas eso... Yo...
-Mi papá se ve muy fuerte... Pero no por que una sombra parezca ser un dinosaurio, lo será ¿O si?
-Solo quiero que seas feliz... Deberías hablar con él, decirle lo que me acabas de decir...
-No quiero, me da miedo su reacción...
-¡¿Qué?! ¿crees que te va a pegar o algo así? -pregunté tratando de enfatizar en un susurro la palabra 'qué'...-
-No... Pero me da miedo que se pare, se enoje y se vaya...
-No lo hará. Él te ama, él me ama... Nos ama... Deberías decirle... Estaré orgullosa si lo haces...
-Disculpame...
-¿porqué?
-Siempre he creído que te dan mucho más a ti... Aunque son cosas materiales, lo sé... Yo creo que es por lo mismo, por que se preocuparon de darte lo mejor, y como tu siempre 'estás bien, como tu siempre brillas en la escuela y todo...'

Quedé helada. La verdad es que, en el fondo, también lo siento. O lo sentí en algún minuto...

-Bueno... Por ahora solo quiero que te saques ese peso de encima, sin miedo... No temas... Piensa que siempre estaré con mi escudo, para cuando me necesites... Protegiéndote...

Finalizamos, riendo, con las mejillas húmedas, sin embargo mucho más livianas que a un principio... Y de estar con demasiado calor que provocaron en nosotros el miedo, las dudas y la soledad... Pasamos a estar en un ambiente fresco y armonioso, que nos regaló la sinceridad de este dos de Enero.
 

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