Aunque todavía no son las doce...


Aún no son las doce, pero imagino lo que pasará.
Aunque mi madre desearía estar en la fiesta más grande de Buin, aunque mi hermana quiera estar con todos, y si pudiera des-doblarse y así acompañarnos a cada uno con nuestros diferentes gustos y formas de ser... Aunque yo preferiría ir a un mirador, y mirar la luna como crece de a poco, para llegar a un diez de Enero completamente llena... Y... aunque mi papá quisiera acompañarme, y conversar conmigo de esas cosas que a ambos nos gustan, que nos apasionan sobremanera...
Pero no. Nada de eso pasará; mientras Lucía, la hija menor comparte con ellos una película de acción -excelente trabajo de Pierre Morel, búsqueda implacable- yo, escribo algo irrelevante, ni si quiera 'el resumen del 2008'...
Lo que pasará será algo inesperado, lo sé. Por que siempre al decir 'sé lo que vendrá' en realidad es como ordenarle al destino 'hacer todo lo contrario a lo que digo'. Y es que el mundo es tan contradictorio...
Pero... si uno naciera 'en la familia correcta' sería demasiado aburrida la vida, sin discusiones, sin competencia por decidir que hacer: si ir a la playa más solitaria que podamos encontrar para recibir un año nuevo, o si comenzar familia por familia conocida repartiendo abrazos y bendiciones durante toda la noche y terminar quien sabe donde, bailando y gritando feliz año nuevo una y otra vez... Al menos esas serían las dos opciones de mi casa, la primera compartida por la hija mayor y su padre, y la segunda, madre e hija menor (una copia).
En todo caso, me gusta, me fascina la diversidad, en todo sentido. Para aprender algunas cosas de los demás, y enseñarles otras que tal vez yo comprendo. El mundo, el mundo es así.
Completamente libre albedrío, cada uno con vida propia...
Algunos celebran en grande, otros celebran solos en medio de algún lugar desconocido, o en algún restaurante... Otros no lo celebran; y habemos algunos que simplemente, a pesar de poder estar en todas las otras situaciones mencionadas, decidimos estar en medio de toda esta diversidad, observar cada cosa, para luego redactar algo que en un momento solo formó parte de mi imaginación...

Aparente maternidad.

Soledad...
Soledad es todo lo que encuentra, todo lo que llena cada rincón de su habitación... Y ella.
Siente que ni siquiera su yo interno la acompaña...
Errores... Sólo errores juegan con su alma... Y la desbordan... Como si fuera cualquier cosa... Como si fuera una cualquiera.
Sucia... Percibe como su corazón se ha manchado con esos besos, esas caricias, ese sexo que nunca, nunca debió contraer. Pero no fue su culpa...
Jamás le dijo aquél joven de aspecto sencillo, culto y educado que lo que expresaba era solo una ilusión, una mentira... ¿Y ahora?
Ahora qué...
Ahora se encontraba sola, como no debió estarlo nunca.
Pero ni su madre fue un buen ejemplo... Por que entre apoyarla a ella, o trabajar en sus grandes proyectos... Le iba demasiado bien en su trabajo, y así podía darle 'una gran vida' a su única hija, mientras ella todo lo que buscaba era un poco de amor... Tan solo un poco... Como esas palomas que se conforman con una migaja de pan en la plaza de en frente...
¿Cómo le diría: 'Mamá, me acosté con un chico que dobla mi edad, y ahora tal vez estoy embarazada'? Maldito.
Maldito él, maldita ella. En ese momento odiaba su vida... ¿Qué podría ser peor?

Comenzó a sollozar...
El ambiente del dormitorio era lóbrego, oscuro. Su pieza, la que todas sus amigas admiraban por su feminidad, no era más que un manicomio horrible, con una loca dentro, que no hacía más que lamentarse... Llorar y llorar... Como si las lágrimas fueran a lavar su alma... Como si la inocencia que se desarrollaba en su vientre tuviera culpa alguna de todo lo que le estaba pasando... Como si su vida, se hubiese ido con la inocencia de su primera vez... Con él.

La rodeaba solamente la desesperanza, el miedo. Ya nada le dolía... Ahora solo un escalofrío la recorría por completo.
Tomó un frasco de Mirtazepina, un antidepresivo de su madre... Lo abrió, y comenzó, una a una... Hasta desvanecer... Con el cuerpo aún cálido, con su rostro aún húmedo... Con un atardecer tímido que entraba por su ventana, hasta que llegó su madre, y sin explicación alguna, como nunca lo hacía, entró a la pieza de Malva, debió haber sido un 'presentimiento', o es que el mismo silencio le gritó lo que vendría...
Su pánico ante la escena fue inexplicable... Su única hija, su única familia, estaba frente a sus ojos, inerte, adormecida completamente. La tomó, le dio una bofetada en la mejilla, pero nada... no reaccionaba. No supo que hacer... Y es que no había más nada que hacer... Ni su llanto desesperado, ni su perdón, ni su angustia, ni sus besos sin sentidos, ni su terror la despertarían.

Muy tarde, muy... Le dio el abrazo que durante catorce años esperó... Catorce fríos años con todo lo material que una pre-adolescente quiere, solo por capricho, y que su mamá le da, para sentirse 'mejor mamá'...

Una princesa sobre el océano.

Hoy, yendo por la playa, lleno de seres respirando amor, niños y niñas, madres con sus bebés, o padres con su niño sobre los hombros... Me di cuenta de tantas cosas...
Una de ellas, es que lo mejor, es la libertad. Sin ella, sin un amor sin libertad, no hay felicidad.
Me di cuenta de lo frágil que son las emociones, que se hacen humo cuando se enciende el otro cigarrillo, y así sucesivamente...
Había una princesa dialogando con ese ser invisible, con su hada; y en su mente, estaba él.
Me percaté de mi reacción cuando estoy ansiosa, o emocionada por algo: con mis manos, me acaricio el cuello, como esperando relajar algún sentimiento para que fluya y salga, llorando, o conversando, ¡pero que salga!
Noté que la espera, la espera nos acumula un sin fin de cosas hermosas, que no son eternas, y por lo mismo se aprovechan hasta no dar más...
Palpé la vida en latidos, que en cualquier minuto se detienen, y hasta ahí llegó todo. Hasta ahí llegamos todos. Al menos 'en este envase físico'.
No dejemos que lo que hay 'allá afuera' ensucie lo de nuestro interior, que no se lo merece.
Libertad.
Hoy me sentí tan libre...
Como para tirarme en la arena, y ponerme a volar, sobre el océano, sin que ni la industria, ni tantas otras cosas, tocaran un centímetro de mi...

Un secreto.

Algo en común
un par de sonrisas, tal vez...
o el silencio...
a lo mejor es nuestra imaginación que está conectada,
por cables invisibles que nos han unido
y nosotros sin darnos cuenta,
viendo, pero sin observar...
riendo con un par de miradas escondidas,
tímidas...
con significados extraviados
y me detengo...
pienso...
sí.
eso, de esa forma te quiero,
por eso, por que eres como especial
eres como importante
eres como...
como...
como esas estrellas que pocos ven, pero que más luz entregan...
más que todas las supernovas del espacio sideral...
sí, mucho más.
más.
por que hay cosas impresionantes,
que me alegran
cosas simples que me hacen feliz,
hay cosas bonitas, y extrañas
como esto,
como tu,
como yo,
como...
sí, no tiene nada de malo decirlo...
como nosotros dos...




En todo caso espero que tú no lo leas, por que me daría vergüenza.

Hay muy poco aroma a libertad, búscalo.

Tengo miedo. Tengo miedo de que alguien que yo quiero sienta miedo.
Siento tristeza, y un nudo en la garganta me acaricia, de forma irónica burlándose de mi, por que sabe, por que percibe que estoy en aprietos...
Pero los nudos en la garganta jamás han ayudado, en nada. Y yo no tengo la 'autoridad' para hablarle y decirle '¡desaparece!'... O derechamente largarme a llorar con él...
A mi alrededor hay tanta luz, pero a la vez muchas cosas que hacen sombras, sombras que me atraen de un modo inexplicable, como si me gustara sentir pena... Como si en algo ayudara.
Generalmente en mis hojas escribo finales poco-felices, por que no me atraen mucho los finales felices, sin embargo es lo que ahora quiero, pero es blanco o es negro. Solo dos opciones, y yo no sé...
Cómo me gustaría que toda la fantasía de mi alma, se reflejara en mi rostro, sin embargo está 'esa' sombra. Maldita sombra. Cómo duele...
Quiero ir al océano y nadar, o volar como la otra tarde, en medio de un perfecto atardecer... Pero no me resulta, por que 'no quiero', por que una parte de mi, una parte de mí que odio, no quiere. Por que aún hay una parte de mi que se niega a ser completamente feliz, sin pre-ocuparme de cosas que solo tengo que dejar pasar por que no tienen solución. Cosas que tarde o temprano se irá, ¡se irán! (hasta nunca más). Que feo suena, pero no todo es lindo y/o perfecto.

Hoy desperté con la sensación de comer cosas sanas, era como si mi cuerpo gritara 'Franelì, come sano por favor, necesitamos limpiar todo aquí', y yo creo que era sólo mi alma la que hablaba, representada por cada célula de mi cuerpo...

Sácame de aquí, por favor, llévame contigo, yo te sigo. Donde sea, pero rápido que ahora la que se está desvaneciendo soy yo, y mi escuálida libertad.

No te vayas, quédate. Conmigo.

Pasaron a lo menos cuatro días, ya no lo recuerdo bien...
Fiorella no salía de su casa, era como esas flores que tratan de resistir un otoño más... Con todas sus fuerzas, riendo cuando quería llorar.
Extrañar no es fácil. No. Pero no puede contra eso. Es superior a todas sus fortalezas. Le gana, a cada momento.
De pronto, sintió rabia consigo, por que nunca, nunca había dejado de ir a la playa, como acostumbraba poco antes de que el sol se despidiera cortésmente. Entonces caminó.
Sentía como la brisa saludaba a esas lágrimas invisibles, que solo ella sentía -por que lo húmedo se enfriaba más rápido con el viento- pero nadie se daba cuenta...
Entonces, llegó, y sin recordar lo que prometió, se sentó sobre una roca altísima, que ponía todo el océano ante sus pies, tan ilimitado, tan colosal... Y entre pensamientos tormentosos, y vagabundos, divisó esa sombra que había esperado desde hace muchas vidas: era Otto.
Se emocionó sobremanera, necesitaba hablar con él, simplemente saturar su alma con todas las fantasías y colores que nadie más podía brindarle... Pero el no la vio.
Entonces Fiorella bajó rápidamente, sin saber cómo, y comenzó a correr por la arena, que a cada paso parecía más densa impidiendo que su corazón pudiera estar al fin, susurrándole a Otto lo mucho que lo extrañó, lo mucho que lo necesita...

-Otto, ¡Otto! -gritaba como nunca antes lo había hecho, como no estaba acostumbrada a hacerlo-.

Otto parecía sonámbulo, como si hubiese muerto, y no fuera más que un espíritu divagando por en medio del mar.

-Otto, espérame...

De pronto, se detuvo, pero no volteó a ver quien lo llamaba con tal fervor... Y ella en un acto impulsivo, le tomó la mano derecha y lo giró hacia ella...

-Otto ¿estás bien?
-Fiorella... -fue todo lo que dijo y sin más la estrechó contra su pecho expresándole a ella una sensación casi apocalíptica...-
-¿Qué te pasa, por qué estas así?
-No quiero nada, nada... Estoy muy triste. La melancolía de pronto tomó mi mano y no me deja, no me deja...
-Tranquilo... Ya estoy aquí... No te dejaré solo...
-Mírame, me siento un don nadie. No estoy bien, mejor te veo mañana...
-¡No! No te vayas... Quédate aquí, conmigo...

Fiorella se sentó en la arena, y lo miró. Él de inmediato entendió el mensaje oculto, sin comprender tal conexión entre los dos. Apoyó su cabeza en el regazo de esa flor pequeña que desde el primer momento lo mantuvo alerta, misteriosamente encantado...
Ella acariciaba su cabello casi de una forma maternal, como si se conocieran desde siempre, y él se quedó dormido... Sollozando en silencio, mientras ella... Ella se acomodó muy cerca de su corazón... Y cerró sus ojos... No se durmió, por que quería escuchar el corazón de Otto, la frecuencia, y el espacio temporal que los abrazaba, completamente detenido...

Fiorella sintió que estaba junto a un niño pequeño, indefenso, que estaba rodeado de sentimientos que jamás le debieron pertenecer, y desde ese momento, se prometió a si misma no abandonarlo nunca. Nunca. Al menos no por ese atardecer.

Cambian sus ánimos, se detiene la bella melodía.

Fiorella estaba tan feliz... Tan feliz por que sentía que Otto la comprendía, aceptándola y queriéndola como ella siempre soñó ser querida... Sin embargo, cuando la canción iba a explotar en el momento mas feliz de todos, ella la apagó.
Sintió la angustiosa necesidad de tener junto a ella a esos amigos imaginarios que tanto la hacían soñar, y vivir en la niñez a pesar de que ya había pasado esa etapa de su vida... ¿Cómo retenerlos? si sus almas son tan libres y calmadas como el océano mismo, pero a la vez tan agitadas como un huracán. Llenos de amor. Amor que no solo le puede pertenecer a una flor pequeña, egoísmo no.

-Nos vamos a separar... -decía Fiorella llorando en lo mas recóndito de si misma... -
-Será un hasta siempre, no es algo definitivo... -respondía Apholonia, una de sus mejores amigas imaginarias...-
-Toma en cuenta que siempre estaremos para ti -continuaba tratando de consolar el dolor interno de flor pequeña Guiosy, quien era su atardecer preferido...
-Por favor, no me dejen, no se vayan... No seré capaz de extrañarlos... Ustedes son gran parte de quien soy...
-Es solo miedo a lo que vendrá, eso es normal, propio de los seres humanos. Estarás bien...
-No quiero, no quiero, por favor no... en tanto ustedes 'vuelven' ¿quién calma mi aflicción? Díganme... ¿Quién?
-Vendremos a verte, y siempre, siempre estaremos contigo. Unidos por las almas...
-¿Y nuestros juegos? ¿Qué va a pasar con eso? Sin ustedes soy solo un recuerdo...
-Harás historias... Transforma el dolor en inspiración, y en tanto... Llegará alguien que jugará contigo, como siempre has soñado... Mírate flor pequeña... Mi gran flor pequeña...
-Los amo...
-Oh...
-Los amo tanto... tanto tanto... Y los esperaré al menos una vez por mes.
-Hasta siempre...
-No me gustan las despedidas...
-Lo sabemos...


Y mientras recordaba todas y cada una de las palabras que esas almas imaginarias le recitaron antes de partir, un sin fin de lágrimas caminaban por sus mejillas. No sé si de alegría o de tristeza... Pero la palabra que más odiaba en el mundo, volvía una y otra vez a su cabeza:

'Lamentablemente'...

Esperaba no encontrarte.

Es un sentimiento extraño el de aquella flor pequeña, pues solo una vez en la vida había sentido esa conexión con alguien que recién estaba conociendo. 'A lo mejor se trata de un alma gemela' decía para si misma como encontrando el porqué de tan coincidente forma de ser, o... o sólo era una buena persona, y ella lo notó -como suele hacerlo-...


En realidad Fiorella llegó diez minutos tarde a la playa, y supuso que Otto ya se había ido -creyendo que es normal ser puntual dentro de esta sociedad- entonces se quedó observando el atardecer como siempre, y de a poco, caminando lentamente se devolvió a su casa, pero esta vez no con la sonrisa que la acompañó hasta allá creyendo que él la estaba esperando...
Llegando a su casa, cabizbaja, no cenó nada. No entendía por qué -si recién estaba conociendo al niño de mirada tierna- lo extrañaba. Lo necesitaba.
Se encerró en su pieza y puso un CD de Sigur Ròs, totalmente fantasioso y soñador. Lo que le ayudaba a su introversión...
Abrió la ventana, sentía un ambiente demasiado acalorado... y conmovida, se sentó en la orilla de la ventana a ver la majestuosa Luna que iluminaba cada recoveco de esa noche que le recordaba más y más el viaje a las estrellas que le había prometido... Él...
De pronto se sorprendió al sentir lágrimas -que solo acostumbraban a salir cuando se emocionaba o añoraba demasiado alguna persona o cosa- que en ese momento, rodaban por sus mejillas hasta dormirse entre sus labios color rosa... Y decidió que era mejor ir a la cama a desahogarse con su almohada, por que 'las estrellas son muy chismosas a veces'... Mientras que un avión de papel danzaba suavemente hasta ella, queriendo susurrarle al oído un mensaje:

'Cuando la Luna está tan centelleante como hoy, hay que desnudarla hasta que su luz sea solo el reflejo de lo que tú eres.
Mañana...'

Entonces, sin saber cómo, Fiorella entendió.
Al día siguiente, estaría a la misma hora, sobre la arena, esperando... En tanto, sonreía con esas palabras que llegaban de algún lugar desconocido.
Aunque... Hasta entonces solo una persona le había hablado de esa forma.


...

A cierta distancia.

Estaba sentada, sola en la orilla del mar. No era muy amistosa, ni sociable. Sus amigos eran prácticamente dos, y sólo ella podía verlos.
Sus padres trabajan, mientras ella se distrae yendo a diario a jugar a la playa, lo que más le gusta a pesar de la fiel soledad que la acompaña desde siempre... Y que por cierto: acabó cuando un niño de su edad, se sentó a mirarla desde dos metros mas o menos de distancia.
Se sentía inquieta, sin privacidad. No le molesta aquella presencia, sin embargo prefería seguir con sus amigos imaginarios, explorando esos mundos que tanto le hacían soñar...
Los tres días siguientes, sucedió lo mismo. No habían palabras, sólo miradas, sonrisas tímidas y silencio entre la pequeña y su observador -como le llamaba en silencio-.
Y al cuarto día, ella llevó su muñeca, su vestido morado y su cabello suelto. Quizás fueron estos detalles los que le dieron a él la impresión de que ella era una niña como muchas otras, que sí hablaba y que sí jugaba con otros niños...

-Hola, me llamo Otto, ¿Tu cómo te llamas?
-Fiorella.
-Fiorella... -repitió el niño, como si intentara buscarle un significado-.
-Flor pequeña.
-¿Qué?
-Significa Flor pequeña -respondió adivinando la duda de su nuevo futuro mejor amigo-.
-¿Y no tienes amigos Flor Pequeña?
-Sí, tengo dos amigos, pero no están aquí ahora...
-¿Por qué?
-No sé, dicen que no los necesito.
-¿Están enojados contigo?
-No. Pero al irse, me dijeron que siguiera caminando, pero no con ellos.En realidad solo me acompañaban y jugaban a mi alrededor... Regalándome inspiración... ¿Y tus amigos?
-No tengo amigos. Bueno, tenía pero no me gusta hacer lo que ellos hacen, prefiero observar flores pequeñas...
-¿Te gustan las estrellas? -interrumpió tratando de escapar de esa hermosa frase que sus oídos habían sentido dulcemente...-
-Sí, sobre todo las pequeñas. Son las que pocos miran, las que pocos regalan... Para mi son las mas especiales... -respondió, a pesar de entender la señal y ese desvío de la conversación tan obvio-.
-¿Por qué?
-Por que pocos las toman en cuenta, por que no brillan tanto como las demás, por que pueden llenarse de a poco con la Luz que les hace falta...
-Perfecto.
-Sí que lo es... ¿Por qué lo preguntas?
-Por que me encantan las estrellas. Sobre todo las que observo por mi ventana cuando el cielo está medio rosa.
-¿Nunca has ido a una? -preguntó Otto como si fuera algo tan normal como ir a la playa todos los días a las seis veinte de la tarde-.
-¿Ir a una estrella? No... Creo que nunca he ido...
-Bueno, algún día iremos. Yo te invitaré. Ahora debo irme... Pero... ¿Vendrás mañana?
-Siempre.
-Adiós Fiorella.
-Adiós Otto. -concluyó Fiorella, luego de que él ya se había ido...-

-Otto... Otto...
-Susurraba con la mirada hacia el lado izquierdo, como si intentara reconocer ese nombre, esos ojos, o esas orejas en algún otro lugar, en algún otro ser, o en alguna otra vida... Pero nada. Hasta ese momento era un tierno desconocido que de manera poco común se daba a conocer.

Un pequeño detalle: Fiorella siempre ha tenido una fuerte inclinación y un imán natural -durante toda su vida- hacia las cosas poco comunes...


...



Enfría tus (mis) emociones

Estoy en mi escritorio. Almorzando a las cinco de la tarde con veintidós minutos. Sola.
Mi hija está en su pieza, no me habla. No me mira. Aunque según ella, no le pasa nada. Mentiras. Me acerqué a ella, le ofrecí ir a algún lado, y arrugó la frente:

-¿Ir dónde?
-No sé, te veo una cara de aburrida...
-jajaja, mamita no se me pasaría saliendo contigo a no sé donde.
-Bueno, será.

La nana no hace nada, no dice nada, ¡nada de nada! Como si me tuviese miedo, como si alguna vez hubiese querido romperle una copa mal lavada en la cara, o haberle tirado una coliflor pasada en aceite. Siempre me controlé (bueno, excepto por la col, ¡pero ella la esquivó!)

Estuve trabajando en el último informe que me pidieron antes de salir de vacaciones, y hoy lo entregué. Salí al fin. Ahora solo tengo que hablar con Francisca para ver qué es lo que la aleja tanto de mi. No la entiendo, no me entiendo. Se supone que yo 'no iba a cometer los errores de mis viejos' pero ahora me doy cuenta cuando decían 'no es fácil, y menos contigo'... A lo mejor Francisca es una copia de mi. Por que no es fácil.

Me levanto de mi silla, busco un vaso, hielo y el agua, también el azúcar... Eso calma a la gente que está angustiada (dicen).
Me seco las lágrimas, pido disculpas en silencio -como si me oyeran- y me pongo a escribir lo difícil que es ser mamá soltera, con una hija adolescente, sin comunicación, sin alguien que me haga compañía, sin ni siquiera una mascota. Con una nana traumada por quizás que cosa. Con silencio... Demasiado silencio.

Sólo si tu quieres, será un hasta siempre.

Todos gritaban tanto...
Entonces Laura tomó su alegría, se fue a su habitación y se recostó en su cama. Sabía que lo mejor, era "no inmiscuirse" en problemas de adultos, así que obedeció. Cerró sus ojos y de pronto se lanzó al mar, el único lugar en donde nada preocupaba a nadie, el único lugar que nos recordaba lo pequeños que somos en porcentaje al resto del universo completo.

Un delfín se le acercó, y le susurró que pronto vendrían por ella, que se calmara, que pudiera disfrutar y sentir ese momento -por que no todos podían respirar bajo el agua- para que luego, valorara mucho más el resto. Para que luego volara mucho más alto.
Ella lo acarició, como si él representara la más absoluta libertad.
Nadaron durante minutos eternos, inolvidables... El delfín hizo un ademán de despedida tan fraternal, tan familiar... Como si entendiera todo lo que debía expresar, y la dejó nadando, como si estuviera flotando en el vacío sideral...

-Laura... ¿Laura estás bien? Despierta... Laura... Laura ¿me escuchas?
-Sí estoy bien mamá... Que pasó...
-Te quedaste dormida, vámonos...
-Pero... Y mi papá ¿Dónde está?
-Mi amor... Tranquila, todo será mejor mañana...
-¡¿Dónde está mi papá?!
-No seas cruel, a mi también me duele que ya no esté...
-Que no esté cómo...
-Vámonos.
-¿No estará más?
-Sólo si tu quieres que se quede, estará por siempre bonita...
-Mamá...

Laura se despidió de él, pero no en la clínica... Se despidió en la inmensidad del mar...

Que nunca amanezca

-Cariño, nos quedamos dormidos... Mirame, mírate.
-No puede ser... Pero... Pero cómo...
-El tiempo siempre pasó rápido, desde que nos conocimos, debimos haberlo previsto.
-N... No pero...
-Jamás me imaginé esto, todo menos esto...
-¿Me escuchas?
-Pero si no has dicho nada.
-Oh por Dios... No me oyes...
-Te estoy escuchando
-No, no como deberías...
-No te entiendo.
-Maldito tiempo, es como una amnesia temporal la que tienes hoy, ahora, conmigo. Con nuestro amor...
-¿Amnesia temporal? Te estas volviendo loco...
-Loco estaba cuando me oías, tú me volvías loco, y yo lo asumía, me sentía un loco, un loco enamorado de ti.
-A que te refieres con amnesia temporal...
-Te hablo con el corazón, y no me calmas, no me oyes, no me tranquilizas.
-Ah, pero no seas ridículo... ¿Cómo escucho si no me dices nada?
-Antes nuestro silencio no te parecía ridículo. Antes escuchabas nuestro silencio, y lo que decía. Lo has olvidado.
-Claro que no
-Claro que si.
-Bueno... Lo siento... Entiende
-No, entiendeme tú a mi.
-Te adoro...
-¡Yo no quiero ser adorado! sólo quiero ser amado...
-¿Qué estas haciendo? Acabas de despertar...
-Y me dormiré de nuevo.
-Pero...
-Prefiero estar cerca tuyo, aunque sea dormido, hasta que me recuerdes.
-Pero si jamas te he olv...
-Cállate.

Él la besó, silenciando todo lo que ella trataba de decir, todo lo innecesario.
Ella... Ella al besarlo, lo recordó. Y es que era la única explicación, la única oportunidad. El mejor recuerdo.

El extasis en mis sueños.

No sabes como me esperanzan tus miradas, tus silencios;
Tan sordos, tan mudos, tan intensos...
Como si no escuchara, como si no necesitara oír nada...
Y es cierto, no lo necesito.

Tu estas, aunque no quieras,
Aunque no puedas tocarme a diario...
Estas, por que siempre has estado,
Y fuera como fuese, no escaparías de mis pensamientos...
Porque no quiero, por que te necesito.
Todo es tan intenso, tan sórdido y eterno...
Tan contradictorio, tan espontáneo...
Yo no sé que pasará con nosotros mañana, no me importa...
Creeme.

Me gusta sentir el hoy, el ahora, este instante...
Por que luego te vas, sin dejar huella alguna...
Sólo las que en mi piel quedan,
Noches enteras, latidos interminables...
Aunque a veces, solo tu rostro logro ver...
En medio de tantas tormentas, tanta oscuridad...
De esa que invita al miedo,
Recorriendo cada recoveco de mi ser
Pues ahí es cuando sé que tu cuerpo me es negado,
Quizá por qué, pero es así.
Ni en tu pecho puedo descansar hasta dormir...
A lo mejor se desgasta, con el tiempo, con las caricias,
Con la espera...

A lo mejor eres de hielo, y yo sólo soy una llama de fuego
Que tiene que amarte a lo lejos,
Porque te desintegro, lentamente, sin dolor.
Amándote. Como suelo hacerlo...

Soy un secreto, soy solo lo que tú haces de mí
Un misterio, un libro interminable
Que escribe día a día una hoja diferente a la anterior
Con dudas y certezas
Pero con amor, con infinito amor, te lo aseguro.

Y te deseo, oh como te deseo...
Con una pasión que escapa del mundo, y recorre nuevos universos...
Así de inmensa, así de poderosa...
Y en mi rostro se dibuja
No lo niego, es así
Es a s í.

Y vuelvo a las noches, cuando tú no estas,
Y pido un deseo antes de dormir...
Soñar contigo, con tu alma y tu cuerpo,
Para poder engañar esta angustiosa necesidad de tenerte,
de quererte.
Siempre...

Pre-ocuparse.

Hoy Elisa se siente ansiosa. Nerviosa, por algo que sabe, pero quiere no-entenderlo.
Ha fumado cinco cigarrillos ya, y... Nada. Ni la ansiedad, ni el nerviosismo, ni las ganas de no-entender lo que sabe se van. Todo se ancla a ella con más y más fuerza.
Camina por la orilla de la playa, mojándose los pies y parte del pantalón, pensando, dejando sus huellas en la arena. No, no se van. No se van.
Su chaleco flamea con el viento que juguetea con ella -aunque ella no se de cuenta-.
Elisa se sienta, observando las olas, escuchando el sonido del océano que le hace una reverencia -siempre ha sido tan cortés-... Y de pronto, aparece alguien que desconoce, pero que le entrega lo que nadie (ni los cigarrillos) le habían entregado: calma, serenidad, paz.
Siente un olor extraño, como a canela, y lo observa. Es un joven, misterioso, de un metro ochenta. Vestía ropa blanca con detalles en color negro. Parecía mimo. Le daba una sensación de felicidad triste, o tristeza alegre.
Usaba un sombrero blanco, y de él sacó -como por arte de magia- cuatro globos de helio. Los amarró a las muñecas de Elisa, y la besó en la mejilla.
Elisa lo miró sin decir nada, sonriendo levemente. Él le regaló su sombrero mágico y sopló sobre su pecho, como si susurrara algo directamente al corazón.
Voló.
De a poco, se elevó, libre, sin preocupaciones, gracias a ese personaje equis, que nadie conoce; y ella, asombrada... ya que sin siquiera saber su nombre, fue él, quien le ayudó a volar... A despreocuparse.

Lucas y Elisa


Lucas y Elisa, fatigados de caminar durante todo el día se acomodaron entre pasto y una gran piedra a mirar la puesta de sol, que sólo en su mundo solía ocurrir...




-¿Alguna vez has oído el típico "había una vez"? Ese había una vez que solo en los cuentos de hadas existe, ese que te lleva a los más ocultos sueños... Ese que un día te llena la vida, ese que que lleva a sentir hasta lo más profundo... El que te hace soñar...
-Sí, lo he oído... Muchas veces, pero... Es como si al escucharlo, estuviera dentro de una caja, donde no pueden entrar ni las hadas, ni el amor...
-¿Por qué?
-Estoy acostumbrado Elisa... Acostumbrado al frío, al invierno, a la Luna, a la soledad... A las pesadillas...
-No entiendo... No me imagino un mundo sin sueños, un universo oscuro... No me imagino la vida sin el Amor...
-Tal vez sí, tal vez no... Yo la viví durante mucho tiempo; nunca salía de mi casa, nunca exploraba, nunca me arriesgaba a sentir nuevas emociones, nunca expresaba nada, siempre dentro de mi mundo, dentro de algo congelado, estancado.
-Oh... Debe ser... Tan... Nocivo sentirse así...
-Letal... Pero ¿Sabes?... He aprendido a expresar un poco más, lo que siento... Aunque me cuesta mucho, no lo niego... Disculpame...
-Lo sé Lucas, lo entiendo... Así te acepto, así te quiero, siempre... No te disculpes por algo que escapa de ti...
-Nunca he entendido porqué brillas tanto, por qué eres tan feliz, tan fácilmente... Me fascina eso de ti Elisa...
-Tal vez sea por que siento amor...
-Entonces yo... Estoy aprendiendo a amar, contigo... Estoy aprendiendo a ser feliz... ¿Eso está bien dicho?
-Da lo mismo Lucas, si lo dices bien o mal, si lo dibujas abstracto o realista, si lo escribes excelente o con faltas de ortografía... Lo sientes. Eso... eso es lo que hace feliz a la humanidad más sencilla, más simple: El sentir... Así es la única forma, en la cual podrás encontrar algún día tu final feliz...
-Te quiero tanto...
-Y yo a ti... ¿Lo sabes verdad?
-Siempre...

Nuestro primer encuentro.

Tan fuerte llovía...
Tan fuerte latía mi corazón...
Tan rápido se unía el Norte con el Sur...
Y yo... Yo no respiraba...
Me subí al tren de las siete diez de la mañana. Mi cielo morado, el tuyo verde. Eran uno ese día...
Mis botas se mojaron por completo, tenía frío, pero todo era nada, nada más que tú.
Los nervios me acompañaron desde mi casa hasta la estación, burlándose de mi timidez.
Me senté, esperé a la mujer que tickeó mi boleto. Me ofrecieron un café, y yo acepté. Mis manos estaban frías...
Saqué mi libro, abrí una página cualquiera, y leí "Volví a respirar como me gusta, en completo orden desordenado"... Y sentía eso. Un orden desordenado.
Llegó el café, y su vapor danzarín me recordó algo en especial... Los minutos pasaban, la lluvia no se detenía, y la angustiosa necesidad de verte eran... Infinitas...
El tren aún no partía, y yo estaba desesperada... Lo único que quería era poder ver por la ventana el paisaje avanzando, y yo. Que todo avanzara rápido. Pero no... Habían problemas... Y bueno, me bajé para tomarle una foto a nuestro tren, el que hasta tí me llevaría...
Cuando llegué a tu ciudad... Fue impactante cómo mis piernas tenían vida própia, no hacían nada de lo que yo ordenaba. Caminaban con pasos agigantados, buscando el centro de informaciones, el terminal de buses...
De pronto, entre la multitud, te ví...

Mis piernas se estancaron, supongo que igual tú, por que sólo sonreías del otro lado del recinto.
Sonreí por dentro, más las lágrimas no demoraron en salir y rodar por mis mejillas... Emoción.
Acercándonos de a poco, léntamente. Que tierno te veías... Tímido, silencioso, secreto...
Nos saludamos con un beso en la mejilla, y nos miramos fíjamente a los ojos... Sonreímos nuevamente... Y no... Un beso en la mejilla había sido una mala reacción... Era como si no nos hubiesemos saludado... Y pusiste tus manos en mi cuello, con sutileza, y me besaste... Me saludaste... Y sin separar tu nariz de mi nariz expresaste "Tanto tiempo... Tanta espera..." y yo no pude hablar... Te observé, te observé y te observé...

Susurrábamos palabras dulces, llenas de colores y matices. Pintando ese día gris, haciéndolo ver, el más hermoso de mil inviernos...

"Cuando los corazones estan enamorados, estan tan cerca que sólo susurran... No es necesario hablar fuerte y claro... Y más aún, cuando los corazones son almas gemelas, son almas que se han amado en esta vida y en muchas otras, no son necesarias las palabras... Todo queda claro con simples miradas, simples caricias que inundan lo que el silencio deja en el vacío..."

Caminamos hasta tu casa, abrazados bajo una lluvia de nuevas sensaciones, en silencio... Tan feliz yo... Tan feliz tú... Tan feliz.

Tristeza de una niña disfrazada de mujer.


La encontré afuera del bar... No le dije nada...
Su vestido era sensual, al igual que su mirada, sus movimientos...
Era una niña, pero a la vez tan mujer...
Su sonrisa estaba, pero no estaba... Estaba sólo por estar; era dibujada, irreal.
De pronto caminó, creyendo que nadie la seguía, hasta un bosque cercano... Y ahí... Ahí comenzó a llorar...
Yo no supe que hacer... La observé mucho tiempo, es lo mejor que se hacer.
Me fui acercando de a poco, y le ofrecí un cigarrillo... Me miró... Con sus párpados cubiertos de rimel, con sus labios rojos, aquel maquillaje de mujer, que desbordaba sensualidad por doquier... Su muñeca lo había corrido completamente hacia sus mejillas...
Me senté junto a ella... Encendí otro cigarrillo y no dije nada, sólo la acompañé durante minutos eternos de absoluto silencio...
Giró su cabeza repentinamente, me miró a los ojos como si todo lo demás fuera invisible, y volvió el llanto desconsolado, que ahora se refugiaba entre mis abrazos torpes llenos de sentimientos recién descubiertos...
Otra hora más pasó. Sin más.
Mis pensamientos eran completamente dirigidos hacia ella, hacia su gran dolor, hacia esos labios, hacia ese corsé. Hacia esas miradas infantiles, de niña indefensa y sin fuerzas...
Sólo quería protegerla, sólo quería quererla...
No tenía idea quién era, cómo la llamaban, que hacía. Nada. Sólo lo que podía ver y sentir cuando acurrucaba su inmaculada fragilidad entre mis brazos; los brazos de un curioso que se enamoró de aquella desconocida...

Se levantó, se sacudió el vestido. Se arregló el cabello y me dijo con voz temblorosa aún, un innecesario "gracias"... Lo que yo no pude contestar con palabras...
La estreché contra mi, mis manos en su cintura, las suyas en mi rostro. Un abrazo eterno.

El silencio seguía con el poder, con el abecedario completo... Pero con palabras que no eran necesarias en ese momento, que no hacía falta oír... Nada más hacía falta...
 

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